Qué valores fomentar. Reflexiones desde una experiencia educativa con la ética martiana.

Autores:

DrC. Yunier Pérez Sarduy

yunierps@hlg.rimed.cu

Lic. Manuel de Jesús Velázquez León

manuel.vl@hlg.rimed.cu

Lic. Adonay B. Pérez Luengo

 

Resumen

Tratar el problema de la educación valoral demanda puntos de referencia y orientación en cuanto a qué valores dar prioridad en la clase. Programas e indicaciones generalmente plantean disímiles propuestas, a veces contradictorias, que generalmente conducen a lo que Kohlberg llamó el saco de las virtudes. Esta propuesta sobre qué valores potenciar parte de una experiencia educativa acerca de la vida y obra de José Martí. Los autores hacen una generalización de esa experiencia de vida para ofrecer una propuesta orientadora.

Palabras claves: Valores, educación valoral, educación en valores, educación moral.

Abstract

To deal with the problem of values education calls for points of reference and orientation as to which values to render priority attention in class work. Syllabi and guidelines advance dissimilar and sometimes contradictory propositions, usually leading to what Kohlberg termed the “bag of virtues.” This is a proposal on what values to maximize based upon a teaching experience on the life and work of José Martí. The authors make a broad generalization of such a life experience to reach a challenging proposal.

Key words: values, values education, moral education, spiritual education.

 

Al plantearse el problema de la educación valoral se necesitan puntos de referencia y orientación sobre a qué valores se ha de dar mayor énfasis. En la bibliografía especializada este resulta ser un tema en el que hay posiciones varias y, a veces, extremas. Los investigadores plantean disímiles propuestas, a veces contradictorias. Las mismas instituciones educacionales se plantean objetivos diferentes en distintos momentos. Es realmente difícil ofrecer una propuesta de qué valores han de ser potenciados por los docentes sin incurrir en el común error de enunciar el “saco de virtudes” al que se refirió Kohlberg.

Esta propuesta sobre qué valores potenciar, parte de una experiencia educativa acerca de la vida de José Martí. Hombre que hubo de enfrentar serios conflictos de valores, una férrea ética guió siempre sus actos y ordenó su sistema de valores. Tal ordenamiento puede servir de pauta.

Los valores a tener en cuenta por el profesor han de estar contenidos en los textos y los contextos históricos y culturales de los contenidos a impartir. No se deben forzar tales posibilidades, so pena de empujar lo deseable más allá de lo posible. No obstante, si se parte de una correcta selección, la riqueza espiritual contenida en los textos y su vinculación con la realidad de los estudiantes han de ofrecer amplias oportunidades para potenciar aquellos valores que son caros a su formación.

Resulta que los dilemas de valores se enfrentan al tener que decidir entre opciones igualmente positivas -esto es, valores. Generalmente no resulta difícil optar entre el bien y el mal. Lo complejo es decidir entre opciones igualmente positivas, pero mutuamente excluyentes, como resulta, por ejemplo, entre ser solidarios callando la falta de un amigo en el aula o denunciándolo para que otro compañero no sea injustamente castigado en su lugar. A diario las personas se enfrentan a estos dilemas en infinidad de situaciones relativamente insignificantes. A lo largo de la vida nos enfrentamos a dilemas trascendentes para nosotros y para los demás.

La educación valoral ha de tener como tarea de importancia preparar al joven para aquellos momentos en los que ha de tomar esas decisiones realmente importantes. Téngase en cuenta que generalmente se ha de decidir en el plano de la individualidad sin una consultoría competente. Se requiere de coraje y de una clara visión del asunto. Es por eso que importa tener conocimientos perspectivos de la importancia relativa de un valor con respecto a otro para así ser capaces de revisar el orden jerárquico propio y decidir de la mejor manera.

Una breve revisión de los proyectos sobre el tema en distintas empresas educativas muestra la diversidad de puntos de vista que existen sobre este asunto. Las propuestas son varias porque, como escribiera Kohlberg, la definición de lo que es importante como virtud cambia de acuerdo con el panorama histórico y cultural.

 La propuesta del Seminario Permanente de la Educación para la Paz de Badalona incluye la tolerancia, el espíritu crítico, la capacidad de rebeldía contra la injusticia, la solidaridad, y la combinación del conocimiento de la identidad cultural y nacional propia con la comprensión solidaria de la identidad de otros pueblos.

Para el Josephson Institute of Ethics Resources: Making Ethical Decisions The Six Pillars of Character (2002) los pilares básicos que rinden criterios objetivos para guiar la toma de decisiones éticas son: fiabilidad, respeto, responsabilidad, justicia, compromiso y ciudadanía. De cada uno de estos pilares, el Instituto realiza una pormenorizada descripción y reflexión.

Domènech i Francesch (1999) propone que no se trate de contraponer valores, sino de buscar aquellos valores universales que puedan ser válidos y menciona: el esfuerzo personal; la responsabilidad y la corresponsabilidad; la coherencia entre pensamiento y acción; la capacidad de rebeldía ante las injusticias; la capacidad de ser feliz; la autoestima y la confianza en las propias posibilidades; la sensibilidad; el rechazo a cualquier tipo de discriminación y opresión; y, por último, la capacidad de diálogo y comunicación. Esta propuesta incluye la idea de que la determinación de los valores a potenciar debe ser colegiada democráticamente por la dirección del centro educacional.

María T. Yurén Camarena se orienta hacia este debate al diferenciar los valores banales dirigidos a satisfacer las necesidades manipuladas y que producen, a decir de Hegel, la libertad del esclavo -que es en realidad la falta de libertad- de los valores que satisfacen las necesidades fines, las cuales constituyen la verdadera riqueza humana. Los autores distinguen entre esas necesidades fines, las necesidades radicales (libertad, socialidad, universalidad, conciencia y objetivación), y las naturales (la vida, en primer lugar). Añade que esas necesidades fines atañen al género humano, son sociales por su modo de satisfacción y necesarias, a diferencia de las necesidades manipuladas.

En el extenso trabajo de Larry Nucci en el área de la educación valoral, es frecuente encontrar su afirmación de que los conceptos morales específicos se estructuran alrededor de la justicia, la imparcialidad, y el bienestar humano. Tales precisiones, bien documentadas por el autor, confieren racionalidad a un área en la que pulula la indecisión.

Entre los autores cubanos se encuentra igualmente diversidad de opiniones en torno a qué valores se han de fomentar. Báxter (2002), por ejemplo, enfatiza el trabajo, la laboriosidad, la solidaridad, la justicia, el patriotismo, la familia, el humanismo, en ese orden. García Batista (Compendio de Pedagogía, 2002) ofrece una extensa lista, en la que incluye, entre muchos otros, la familia, el trabajo, la patria y su historia, los niños, los ancianos, la naturaleza, la honradez, la honestidad, la responsabilidad, el sentido de bienestar común, la educación de los deberes y derechos del ciudadano, la disciplina social, la profesión, el independentismo, el patriotismo, el antimperialismo, el humanismo, la honradez, el amor a los humildes, la laboriosidad; añadiendo que el ideal de hombre de Martí destacaba que este fuese generoso, altruista, independiente y creador.

En estos listados de valores a potenciar, no abundan los criterios de selección que ayuden a determinar cuáles valores han de tener prioridad en las escalas a establecer. Los docentes encuentran en los programas o reciben en indicaciones metodológicas específicas, largos listados de valores a potenciar en los jóvenes. Tales indicaciones se escudan generalmente en el anonimato burocrático y no fundamentan sus propuestas con reflexiones o análisis. Se entiende que resulta difícil excluir: se quiere que los hijos cultiven infinitas virtudes. Pero ante un grupo y contenidos determinados, el docente extravía las coordenadas.

En demanda de orientación y ordenamiento se puede recurrir al cubano mayor, a José Martí. Es conocida su devoción por la familia a quienes siempre se consagró. De su sufrimiento por la separación de José Francisco, el hijo amado, se conoce por un poemario de conmovedora ternura. Pero antes que ella, estuvo para él la libertad de Cuba. En el altar de la Patria irredenta sacrificó no solamente su salud, una vida que habría sido, de seguro, desahogada y plena en la creación literaria que un genio como el suyo de seguro desplegaría, sino también la estabilidad y el bienestar de su familia. Poco pudo hacer por aliviar la miseria de sus padres o por evitar el derrumbe de su matrimonio, un hombre dedicado por completo a la causa de su país. La libertad de Cuba en Martí ocupó un lugar prioritario con respecto a valores como el amor a la familia. Y téngase en cuenta que él es un ser de rara sensibilidad, de una capacidad amatoria poco común. Cuando tuvo que decidir entre ella y Cuba, la Patria estuvo primero.

Sin embargo, para él había valores de más alto signo. Ante el peligro de que el despotismo plagara a Cuba de injusticias apenas obtenida la independencia, como había visto suceder en otros pueblos de Nuestra América, en 1884 Martí se aparta del esfuerzo conspirativo que gestaban con su inestimable cooperación Antonio Maceo y Máximo Gómez. En conocida carta a Gómez escribe:

Hay algo que está por encima de toda simpatía personal que Ud. pueda inspirarme, y hasta de toda razón de oportunidad aparente: y es mi determinación de no contribuir en un ápice, por amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a traer a mi tierra un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta, y más grave y difícil de desarraigar, porque vendría excusado por algunas virtudes, embellecido por la idea encarnada en él, y legitimado por el triunfo.

El conflicto moral era muy serio y requirió de profunda reflexión, aun para una mente superior como la de José Martí. Confiesa a Gómez que antes de escribirle, había meditado durante dos días para que lo que le decía, “no fuera resultado de una ofuscación pasajera, o excesivo celo en la defensa de cosas que no quisiera ver yo jamás atacadas, -si no obra de meditación madura.”

Su aprehensión por la posible conculcación de la futura democracia de su Patria estaba enraizada en su conciencia y en su pensamiento. En otra parte de la carta apunta gráficamente: “Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento.” Martí prevé la injusticia de un régimen tiránico, la corrupción del proceso independentista, al caer la Patria en manos de un posible caudillo que institucionalizaría un régimen exclusivo de muchos en una nación que deseaba de todos. Lo que percibe como una amenaza a la democracia es lo que le mueve a escribir esa vez a Gómez. En sus mismas palabras: “La Patria no es de nadie: y si es de alguien, será, y esto sólo en espíritu, de quien la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia.”

La democracia está, para Martí, antes que la causa libertaria en la que, confiesa, le va la vida.

Otro valor relevante para José Martí fue la justicia. Su vida toda fue de compromiso con la justicia en cualquier lugar que se encontrara y a cualquier costo para él. Por su fuerza conclusiva, véase una de sus últimas epístolas. El primero de abril de 1895, al partir para la guerra en Cuba, José Martí dirige la siguiente nota a su hijo:

“(Montecristi) 1 de abril de 1895

Hijo:

Esta noche salgo para Cuba: salgo sin ti, cuando debieras estar a mi lado. Al salir, pienso en ti. Si desaparezco en el camino, recibirás con esta carta la leontina que usó en vida tu padre. Adiós. Se justo.

Tu

José Martí”

Con clara conciencia de que este podía ser un mensaje postrero -véase el definitivo “adiós” con que cierra la brevísima carta- Martí sólo pide una cosa a su hijo: “Se justo”. No es una demanda nacida de la premura y la urgencia. Para él este es un valor fundamental y fundacional, al cual todos los demás valores tributan y del que todo lo valioso depende.

Para el Apóstol la justicia y la democracia, junto a la libertad de Cuba, fueron objetivos supremos y fuentes primordiales de sus actitudes morales. La justicia y la democracia tienen un carácter trascendente y vital; son valores alrededor de los cuales y en apoyo de los cuales otros se organizan. La justicia es medular en un sistema de valores, pero solamente es posible en democracia. José Martí fue capaz de sacrificarlo todo por la Patria. Pero para él la Patria era más que la independencia; era una Cuba con todos y para el bien de todos.

Un objetivo básico de cualquier proyecto educacional ha de ser que los jóvenes sean justos y que crezcan hacia órdenes superiores de democracia en una Cuba soberana, tal como José Martí demandaba de sus compañeros de armas y de su hijo.

 

BIBLIOGRAFÍA:

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JOSEPHSON INSTITUTE OF ETHICS RESOURCES: MAKING ETHICAL DECISIONS. The Six Pillarsof Character (2002) HTML:http://www.josephsoninstitute.org/MED/MED-making.htm

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MARTÍ, J. Obras completas. La Habana, Imprenta Nacional de Cuba, 1961.

YURÉN CAMARENA, MARÍA TERESA. Eticidad, valores sociales y educación. Ciudad de México. Universidad Pedagógica Nacional, 1995.