Qué valores fomentar.
Reflexiones desde una experiencia educativa con la ética martiana.
Autores:
DrC. Yunier Pérez Sarduy
Lic. Manuel de Jesús Velázquez León
Lic. Adonay B. Pérez Luengo
Resumen
Tratar el problema de la educación valoral demanda puntos de referencia y
orientación en cuanto a qué valores dar prioridad en la clase. Programas e
indicaciones generalmente plantean disímiles propuestas, a veces contradictorias,
que generalmente conducen a lo que Kohlberg llamó el saco de las virtudes. Esta
propuesta sobre qué valores potenciar parte de una experiencia educativa acerca
de la vida y obra de José Martí. Los autores hacen una generalización de esa
experiencia de vida para ofrecer una propuesta orientadora.
Palabras claves: Valores, educación valoral,
educación en valores, educación moral.
Abstract
To deal with the problem of values education calls for
points of reference and orientation as to which values to render priority
attention in class work. Syllabi and guidelines advance dissimilar and
sometimes contradictory propositions, usually leading to what Kohlberg termed
the “bag of virtues.” This is a proposal on what values to maximize based upon
a teaching experience on the life and work of José Martí. The authors make a broad
generalization of such a life experience to reach a challenging proposal.
Key words: values, values education, moral education, spiritual education.
Al plantearse el problema de la educación valoral se necesitan puntos de
referencia y orientación sobre a qué valores se ha de dar mayor énfasis. En la
bibliografía especializada este resulta ser un tema en el que hay posiciones
varias y, a veces, extremas. Los investigadores plantean disímiles propuestas,
a veces contradictorias. Las mismas instituciones educacionales se plantean
objetivos diferentes en distintos momentos. Es realmente difícil ofrecer una
propuesta de qué valores han de ser potenciados por los docentes sin incurrir
en el común error de enunciar el “saco de virtudes” al que se refirió Kohlberg.
Esta propuesta sobre qué valores potenciar, parte de una experiencia
educativa acerca de la vida de José Martí. Hombre que hubo de enfrentar serios
conflictos de valores, una férrea ética guió siempre sus actos y ordenó su
sistema de valores. Tal ordenamiento puede servir de pauta.
Los valores a tener en cuenta por el profesor han de estar contenidos
en los textos y los contextos históricos y culturales de los contenidos a
impartir. No se deben forzar tales posibilidades, so pena de empujar lo
deseable más allá de lo posible. No obstante, si se parte de una correcta
selección, la riqueza espiritual contenida en los textos y su vinculación con la
realidad de los estudiantes han de ofrecer amplias oportunidades para potenciar
aquellos valores que son caros a su formación.
Resulta que los dilemas de valores se enfrentan al tener que decidir
entre opciones igualmente positivas -esto es, valores. Generalmente no resulta difícil optar entre el bien y el
mal. Lo complejo es decidir entre opciones igualmente positivas, pero
mutuamente excluyentes, como resulta, por ejemplo, entre ser solidarios
callando la falta de un amigo en el aula o denunciándolo para que otro
compañero no sea injustamente castigado en su lugar. A diario las personas se
enfrentan a estos dilemas en infinidad de situaciones relativamente
insignificantes. A lo largo de la vida nos enfrentamos a dilemas trascendentes
para nosotros y para los demás.
La educación valoral ha de tener como tarea de importancia preparar al
joven para aquellos momentos en los que ha de tomar esas decisiones realmente
importantes. Téngase en cuenta que generalmente se ha de decidir en el plano de
la individualidad sin una consultoría competente. Se requiere de coraje y de
una clara visión del asunto. Es por eso que importa tener conocimientos
perspectivos de la importancia relativa de un valor con respecto a otro para
así ser capaces de revisar el orden jerárquico propio y decidir de la mejor
manera.
Una breve revisión de los proyectos sobre el tema en distintas
empresas educativas muestra la diversidad de puntos de vista que existen sobre
este asunto. Las propuestas son varias porque, como escribiera Kohlberg, la
definición de lo que es importante como virtud cambia de acuerdo con el
panorama histórico y cultural.
La propuesta del Seminario
Permanente de la Educación para la Paz de Badalona incluye la tolerancia, el
espíritu crítico, la capacidad de rebeldía contra la injusticia, la
solidaridad, y la combinación del conocimiento de la identidad cultural y
nacional propia con la comprensión solidaria de la identidad de otros pueblos.
Para el Josephson Institute of Ethics Resources: Making Ethical Decisions
The Six Pillars of Character (2002) los pilares básicos que rinden criterios
objetivos para guiar la toma de decisiones éticas son: fiabilidad, respeto,
responsabilidad, justicia, compromiso y ciudadanía. De cada uno de estos
pilares, el Instituto realiza una pormenorizada descripción y reflexión.
Domènech i Francesch (1999) propone que no se trate de contraponer
valores, sino de buscar aquellos valores universales que puedan ser válidos y
menciona: el esfuerzo personal; la responsabilidad y la corresponsabilidad; la
coherencia entre pensamiento y acción; la capacidad de rebeldía ante las
injusticias; la capacidad de ser feliz; la autoestima y la confianza en las
propias posibilidades; la sensibilidad; el rechazo a cualquier tipo de
discriminación y opresión; y, por último, la capacidad de diálogo y
comunicación. Esta propuesta incluye la idea de que la determinación de los
valores a potenciar debe ser colegiada democráticamente por la dirección del
centro educacional.
María T. Yurén Camarena se orienta hacia este debate al diferenciar
los valores banales dirigidos a satisfacer las necesidades manipuladas y que
producen, a decir de Hegel, la libertad del esclavo -que es en realidad la
falta de libertad- de los valores que satisfacen las necesidades fines, las
cuales constituyen la verdadera riqueza humana. Los autores distinguen entre
esas necesidades fines, las necesidades radicales (libertad, socialidad,
universalidad, conciencia y objetivación), y las naturales (la vida, en primer
lugar). Añade que esas necesidades fines atañen al género humano, son sociales
por su modo de satisfacción y necesarias, a diferencia de las necesidades
manipuladas.
En el extenso trabajo de Larry Nucci en el área de la educación
valoral, es frecuente encontrar su afirmación de que los conceptos morales
específicos se estructuran alrededor de la justicia, la imparcialidad, y el
bienestar humano. Tales precisiones, bien documentadas por el autor, confieren
racionalidad a un área en la que pulula la indecisión.
Entre los autores cubanos se encuentra igualmente diversidad de
opiniones en torno a qué valores se han de fomentar. Báxter (2002), por
ejemplo, enfatiza el trabajo, la laboriosidad, la solidaridad, la justicia, el
patriotismo, la familia, el humanismo, en ese orden. García Batista (Compendio
de Pedagogía, 2002) ofrece una extensa lista, en la que incluye, entre muchos
otros, la familia, el trabajo, la patria y su historia, los niños, los
ancianos, la naturaleza, la honradez, la honestidad, la responsabilidad, el
sentido de bienestar común, la educación de los deberes y derechos del
ciudadano, la disciplina social, la profesión, el independentismo, el
patriotismo, el antimperialismo, el humanismo, la honradez, el amor a los
humildes, la laboriosidad; añadiendo que el ideal de hombre de Martí destacaba
que este fuese generoso, altruista, independiente y creador.
En estos listados de valores a potenciar, no abundan los criterios de
selección que ayuden a determinar cuáles valores han de tener prioridad en las
escalas a establecer. Los docentes encuentran en los programas o reciben en
indicaciones metodológicas específicas, largos listados de valores a potenciar
en los jóvenes. Tales indicaciones se escudan generalmente en el anonimato
burocrático y no fundamentan sus propuestas con reflexiones o análisis. Se
entiende que resulta difícil excluir: se quiere que los hijos cultiven
infinitas virtudes. Pero ante un grupo y contenidos determinados, el docente
extravía las coordenadas.
En demanda de orientación y ordenamiento se puede recurrir al cubano mayor,
a José Martí. Es conocida su devoción por la familia a quienes siempre se
consagró. De su sufrimiento por la separación de José Francisco, el hijo amado,
se conoce por un poemario de conmovedora ternura. Pero antes que ella, estuvo
para él la libertad de Cuba. En el altar de la Patria irredenta sacrificó no
solamente su salud, una vida que habría sido, de seguro, desahogada y plena en
la creación literaria que un genio como el suyo de seguro desplegaría, sino
también la estabilidad y el bienestar de su familia. Poco pudo hacer por
aliviar la miseria de sus padres o por evitar el derrumbe de su matrimonio, un
hombre dedicado por completo a la causa de su país. La libertad de Cuba en
Martí ocupó un lugar prioritario con respecto a valores como el amor a la
familia. Y téngase en cuenta que él es un ser de rara sensibilidad, de una
capacidad amatoria poco común. Cuando tuvo que decidir entre ella y Cuba, la Patria
estuvo primero.
Sin embargo, para él había valores de más alto signo. Ante el peligro de
que el despotismo plagara a Cuba de injusticias apenas obtenida la
independencia, como había visto suceder en otros pueblos de Nuestra América, en
1884 Martí se aparta del esfuerzo conspirativo que gestaban con su inestimable
cooperación Antonio Maceo y Máximo Gómez. En conocida carta a Gómez escribe:
Hay algo que está por encima de toda simpatía personal
que Ud. pueda inspirarme, y hasta de toda razón de oportunidad aparente: y es
mi determinación de no contribuir en un ápice, por amor ciego a una idea en que
me está yendo la vida, a traer a mi tierra un régimen de despotismo personal,
que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora
soporta, y más grave y difícil de desarraigar, porque vendría excusado por
algunas virtudes, embellecido por la idea encarnada en él, y legitimado por el
triunfo.
El conflicto moral era muy serio y requirió de profunda reflexión, aun para
una mente superior como la de José Martí. Confiesa a Gómez que antes de
escribirle, había meditado durante dos días para que lo que le decía, “no fuera
resultado de una ofuscación pasajera, o excesivo celo en la defensa de cosas
que no quisiera ver yo jamás atacadas, -si no obra de meditación madura.”
Su aprehensión por la posible conculcación de la futura democracia de su Patria
estaba enraizada en su conciencia y en su
pensamiento. En otra parte de la carta apunta
gráficamente: “Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento.”
Martí prevé la injusticia de un régimen tiránico, la corrupción del proceso
independentista, al caer la Patria en manos de un posible caudillo que
institucionalizaría un régimen exclusivo de muchos en una nación que deseaba de
todos. Lo que percibe como una amenaza a la democracia es lo que le mueve a
escribir esa vez a Gómez. En sus mismas palabras: “La Patria no es de nadie: y
si es de alguien, será, y esto sólo en espíritu, de quien la sirva con mayor
desprendimiento e inteligencia.”
La democracia está, para Martí, antes que la causa libertaria en la que,
confiesa, le va la vida.
Otro valor relevante para José Martí fue la justicia. Su vida toda fue de
compromiso con la justicia en cualquier lugar que se encontrara y a cualquier
costo para él. Por su fuerza conclusiva, véase una de sus últimas epístolas. El
primero de abril de 1895, al partir para la guerra en Cuba, José Martí dirige
la siguiente nota a su hijo:
“(Montecristi) 1 de abril de 1895
Hijo:
Esta noche salgo para Cuba: salgo sin ti, cuando debieras
estar a mi lado. Al salir, pienso en ti. Si desaparezco en el camino, recibirás
con esta carta la leontina que usó en vida tu padre. Adiós. Se justo.
Tu
José Martí”
Con clara conciencia de que este podía ser un mensaje postrero -véase el
definitivo “adiós” con que cierra la brevísima carta- Martí sólo pide una cosa a
su hijo: “Se justo”. No es una demanda nacida de la premura y la urgencia. Para
él este es un valor fundamental y fundacional, al cual todos los demás valores
tributan y del que todo lo valioso depende.
Para el Apóstol la justicia y la democracia, junto a la libertad de Cuba,
fueron objetivos supremos y fuentes primordiales de sus actitudes morales. La
justicia y la democracia tienen un carácter trascendente y vital; son valores
alrededor de los cuales y en apoyo de los cuales otros se organizan. La justicia
es medular en un sistema de valores, pero solamente es posible en democracia. José
Martí fue capaz de sacrificarlo todo por la Patria. Pero para él la Patria era
más que la independencia; era una Cuba con todos y para el bien de todos.
Un objetivo básico de cualquier proyecto educacional ha de ser que los
jóvenes sean justos y que crezcan hacia órdenes superiores de democracia en una
Cuba soberana, tal como José Martí demandaba de sus compañeros de armas y de su
hijo.
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