Formación y enseñanza de una filosofía cubana entre 1838 y 1839 IV
Formation and teaching of a Cuban Philosophy between 1838 and 1839 IV
Formação e ensino de uma filosofia cubana entre 1838 e 1839 IV
1Falconeri Lahera Martínez*, ORCID: https://orcid.org/0000-0002-9254-2485
1Universidad de Holguín. Cuba.
*Autor para la correspondencia: falconerilm@uho.edu.cu
Resumen
El artículo que se presenta tiene como objetivo analizar el contenido de las tres publicaciones que generan el estallido, en mayo de 1838, de la Polémica filosófica, en la cual los contendientes aportan la conceptualización que acelera la formación de una Filosofía cubana. El autor examina los posicionamientos que asumen los dos adversarios que protagonizan el inicio de la Polémica filosófica: José de la Luz y Caballero y Manuel Castellanos Mojarrieta. El primero simboliza los intereses nacionales en formación y la educación patriótica de la juventud cubana. El segundo personifica los intereses de la educación colonial, impuesta por la metrópoli española y se manifiesta como un defensor de las posiciones del eclecticismo del filósofo francés Víctor Cousin en Puerto Príncipe. La teorización desplegada en ese enfrentamiento traza las pautas epistemológicas que direcciona y concreta el proceso de formación y enseñanza de una Filosofía cubana e independiente entre 1838 y 1839.
Palabras clave: Filosofía; Física; Lógica; Métodos de enseñanza; Polémica filosófica
Abstract
The article presented aims to analyze the content of the three publications that generated the outbreak, in May 1838, of the Philosophical Polemic, in which the contenders provide the conceptualization that accelerates the formation of a Cuban Philosophy. The author examines the positions assumed by the two adversaries who starred in the beginning of the Philosophical Polemic: José de la Luz y Caballero and Manuel Castellanos Mojarrieta. The first symbolizes the national interests in formation and the patriotic education of Cuban youth. The second personifies the interests of colonial education, imposed by the Spanish metropolis and manifests himself as a defender of the positions of the eclecticism of the French Philosopher Victor Cousin in Port-au-Prince. The theorization deployed in this confrontation traces the epistemological guidelines that direct and specify the process of formation and teaching of a Cuban and independent Philosophy between 1838 and 1839.
Keywords: Philosophy; Physics; Logic; Teaching methods; Philosophical controversy
Resumo
O artigo apresentado tem como objetivo analisar o conteúdo das três publicações que geraram a eclosão, em maio de 1838, da Controvérsia Filosófica, nas quais os contendores forneceram a conceituação que acelerou a formação de uma Filosofia Cubana. O autor examina as posições assumidas pelos dois adversários que lideram o início da Controvérsia Filosófica: José de la Luz y Caballero e Manuel Castellanos Mojarrieta. A primeira simboliza os interesses nacionais na formação e na educação patriótica da juventude cubana. O segundo personifica os interesses da educação colonial, impostos pela metrópole espanhola e manifesta-se como defensor das posições ecléticas do filósofo francês Victor Cousin em Porto Príncipe. A teorização implantada neste confronto traça as diretrizes epistemológicas que direcionam e especificam o processo de formação e ensino de uma filosofia cubana independente entre 1838 e 1839.
Palavras-chave: Filosofia; Física; Lógica; Métodos de ensino; Controvérsia filosófica
Introducción
Los resultados expuestos en este artículo forman parte de una investigación histórico-filosófica, dirigida al enriquecimiento de los conocimientos sobre la formación y enseñanza de una filosofía autóctona por José de la Luz y Caballero (1800-1862), quien fuera una de las personalidades más representativas del pensamiento social cubano de las primeras cinco décadas del siglo XIX. El autor se plantea como objetivo el análisis del contenido de las publicaciones que generan el estallido, en mayo de 1838, de la Polémica filosófica, en la cual Luz y Caballero desarrolla un extraordinario proceso de conceptualización, del cual germina la Filosofía cubana. El estudio que se presenta a los lectores no solo revela críticamente las posiciones epistemológicas de los dos contendientes principales, sino que valora convenientemente los criterios que emiten diversos estudiosos del pensamiento filosófico cubano.
Materiales y métodos
La búsqueda científica desplegada en este resultado exigió la aplicación de los métodos más ajustados a las características del tema. En virtud de ello, fue priorizado el procesamiento de las fuentes del conocimiento reunidas, mediante un exhaustivo análisis documental, que permitió la generalización de la información, mediante los procedimientos lógicos del conocimiento científico: análisis-síntesis, inducción-deducción. El autor seleccionó los materiales de trabajo, en correspondencia con las demandas del proceso investigativo y orientó la pesquisa hacia el cumplimiento del objetivo declarado.
Resultados y discusión
En mayo de 1838 la vida intelectual del país se estremece con el estallido de la Polémica filosófica. El acontecimiento afecta la educación con el enfrentamiento del grupo de personalidades nucleadas alrededor de Luz y Caballero a los representantes del eclecticismo, quienes atacan desde diversos medios y escenarios académicos el proceso de reforma educacional, en especial, el perfeccionamiento de la enseñanza de la Filosofía y la formación patriótica de los jóvenes.
Durante los meses de mayo a diciembre de 1838, los contendientes fundamentales escriben 22 artículos, que contienen los temas objeto de debate en las principales instituciones académicas, así como los problemas que generan las diferencias teóricas más sobresalientes. Luz y Caballero elabora 10 artículos y publica nueve. Sus aliados publican seis, con los cuales defienden y afirman sus posiciones filosóficas fundamentales. De ellos, uno corresponde a Tomás de la Victoria (¿?), cuatro pertenecen a Manuel Costales y Govantes (1815-1866) y uno es firmado por Antonio Bachiller y Morales (1812-1889). Estas personalidades forman parte del grupo de jóvenes liberales, que salvaguardan la concepción patriótica de Varela con todas sus implicaciones en la preparación de un pensar para la formación de una cultura propia, enfrentan con decisión las primeras manifestaciones del eclecticismo en 1838.
Los eclécticos, representados por José Zacarías González del Valle (1820-1851) y Domingo María de las Nieves del Monte y Aponte (1804-1853), intervienen en la porfía con cinco artículos, tres por parte del primero y dos por parte del segundo. Del Monte, prominente intelectual, en la etapa estudiada brilla en la creación literaria y promueve el desarrollo del pensamiento estético cubano. El investigador Correa (2012) reconoce la dinámica confrontación de ideas que acontece en Cuba a mediados del siglo diecinueve, y al respecto expone:
A mediados del S/XIX, José de la Luz y Caballero, Francisco Ruiz, Gaspar Betancourt Cisneros, Antonio Bachiller y Morales y los hermanos González del Valle se enfrascaron en la asunción o el rechazo del eclecticismo de Víctor Cousin y en la polémica entre la moral religiosa y la moral utilitaria. (p. 6)
La agravación del conflicto asciende en la medida que sus actores fundamentales presentan sus artículos a través de la prensa, por esa causa, para revelar con precisión sus determinaciones fundamentales y detalles menos visibles, es necesario analizar los posicionamientos teóricos de los autores, en correspondencia con el orden de sus publicaciones. El artículo irradiador de las diferencias que motivan la contienda, se publica el 12 de mayo de 1838 en la Gaceta de Puerto Príncipe por Luz y Caballero, con el título: Advertencia-Proemio al Elenco de 1834.
La divulgación de ese texto por la vía periodística constituye un suceso trascendente en el acontecer de la educación y en especial, en la proyección social de la concepción filosófica lucista, porque a partir de ese momento inicia un proceso de enriquecimiento ascendente de sus componentes teórico-metodológicos fundamentales.
Aunque la Advertencia-Proemio ya era conocida en La Habana, su difusión en otro contexto cultural muy próximo al oriente del país, como la ciudad de Puerto Príncipe, despierta las alarmas de los sectores más conservadores de la intelectualidad de esa región, porque la aplicación de sus recomendaciones metodológicas rompe con el patrón educacional colonialista imperante.
En el documento, Luz y Caballero asume posiciones de vanguardia en el orden filosófico, pedagógico, metodológico y curricular, al defender el criterio de que la Física y demás ciencias experimentales deben presidir los planes de estudios, con el propósito de concretar una educación que responda a las necesidades del país. Para que los lectores capten con precisión la esencia metodológica de las ideas expuestas en el texto, se ofrece el siguiente compendio de las cuatro consideraciones básicas contenidas en él:
1- Las ciencias naturales versan sobre objetos sensibles más al alcance de los jóvenes. 2- De la rica variedad de hechos y fenómenos de la realidad exterior, el entendimiento toma los datos para luego discurrir sobre ellos. 3- Si alguien afirma que antes de discurrir sobre cualquier objeto científico, necesitan los jóvenes aprender lógica, debe responderse: la mejor lógica es la practicada al estudiar física. Ese método sintético-analítico es el más natural, porque parte de los hechos sensibles y particulares hasta elevarse a las consecuencias generales por una cadena de inducciones. Su aplicación fortalece las capacidades intelectuales de tal manera que los estudiantes progresan con total seguridad y rapidez. 4- Por el contrario, comenzar por el estudio de las doctrinas ideológicas, es empezar por las abstracciones, es exigir demasiado al entendimiento en sus primeros pasos y es carecer a cada momento de los hechos y la observación, sobre los cuales deben apoyarse los estudios ideológicos, que se apoyan casi exclusivamente en deducciones sin el concurso de la experiencia. En una palabra, en las ciencias naturales se marcha de los hechos a la teoría; y en la ideología, por más que nos empeñemos en lo contrario, nos vemos en ocasiones forzados a seguir un orden inverso, fuera de que su objeto no permite apelar a la clara luz de la experiencia. (De la Luz, 1946a, pp. 4-5)
La Advertencia-Proemio, documento histórico que cumple las disposiciones legales vigentes en el país de aquel momento histórico, cierra con la siguiente consideración metodológica:
Por último, excusemos alegar más razones, como lo haríamos del mejor grado, cuando el artículo 73 del Reglamento general trae la prevención expresa de que en los colegios donde se establezca la enseñanza de las Matemáticas, Historia Natural, Física y Química, deberán preceder estos ramos al estudio de la Filosofía; entendiendo por filosofía, según se evidencia de todo el tenor de éste y otros artículos, la parte del curso que comprende las ciencias intelectuales y morales. (De la Luz, 1946a, p. 6)
Al analizar la trascendencia epistémica del debate en torno al contenido teórico-metodológico de la Advertencia-Proemio, el investigador bielorruso Ternevoi (1981) afirma: “La discusión planteó un problema que a primera vista parecía puramente pedagógico: ¿debe el estudio de la física y, en general, de las ciencias sobre la naturaleza preceder el de la lógica y las ciencias del espíritu?” (p. 196). También, el investigador cubano Guadarrama (2009) emite una polémica valoración filosófica sobre el contenido del documento:
Tras una aparente polémica pedagógica sobre qué enseñar primero a los jóvenes, si la física o la lógica, Luz se inclinó por comenzar por la primera, dejando sentado que no puede haber mejor lógica que la que están practicando en el estudio de la física. Esto era en verdad una delicada cuestión gnoseológica en la que latía el problema fundamental de la filosofía y la postura materialista que adoptaba ante él, al concebir el carácter derivado, secundario, de las formas del pensamiento respecto al mundo objetivo que las determina. (p. 23)
Un análisis actualizado del tema, permite considerar que el mismo tiene un innegable carácter pedagógico, didáctico y curricular, asentado sobre un argumentado enfoque filosófico. De ese modo, las propuestas metodológicas contenidas en la Advertencia-Proemio evidencian la necesidad de renovar los contenidos y métodos de enseñanza de las diversas materias (asignaturas), con énfasis en la Filosofía, previstas para ser impartidas en instituciones escolares públicas.
La solución al problema de determinar por dónde comenzar la enseñanza general, si por la Física o por la Lógica, implica la asignación de un lugar predominante, en los planes de estudios a la Física o, en general, a las ciencias experimentales, con las consecuentes transformaciones curriculares. También significa proceder en la enseñanza conforme a principios didácticos que exigen partir de lo conocido a lo desconocido y de lo fácil a lo difícil.
De acuerdo con la investigadora De Armas (2000), en Luz y Caballero la enseñanza de la Filosofía y su visión sobre la primacía de las ciencias naturales respecto de la Lógica, lo conduce a asumir una posición concordante con el sensualismo materialista. Desde ese presupuesto teórico, sostiene que la misión social de la ciencia es “contribuir al perfeccionamiento del hombre y al mejoramiento de su vida tanto en el aspecto moral como en el material destacando que todas las ciencias se apoyan en un único método de investigación: la observación y el experimento” (p.128).
Al reflexionar sobre este tema, Luz y Caballero expone que desde la educación primaria es necesario seguir los pasos de la naturaleza, porque su estudio acelera el aprendizaje de los niños. De ese modo, prioriza la aplicación en la enseñanza del método que sitúa en el currículo la Física como preliminar de la Ideología o la Psicología, para facilitar el aprendizaje del alumnado. Estos postulados expresan los principios esenciales de su Filosofía de la enseñanza y, a la vez, encierran el propósito pedagógico, curricular y didáctico de su Filosofía de la física, cuyo indiscutible valor epistemológico y metodológico no comprenden los eclécticos de Puerto Príncipe, quienes rechazan de inmediato el proyecto lucista.
Terneboi (1981) declara, que la interpretación de la propuesta metodológica de Luz y Caballero genera criterios encontrados entre los eclécticos de Puerto Príncipe, quienes emiten opiniones acerca de por dónde comienza, en principio, el conocimiento humano: si por el estudio de lo exterior, de la naturaleza, o por el estudio de lo interior, del espíritu. A partir de ese momento, el asunto se expresa así: ¿quién debe preceder a quién, el hombre como lógico o el hombre como físico, o a la inversa; “conócete a ti mismo o conoce la naturaleza?” (p. 201).
El propio Luz y Caballero ante la necesidad de esclarecer los comentarios opuestos, expresados por intelectuales principeños sobre el contenido de su propuesta metodológica y curricular, contenida en la Advertencia-Proemio, ofrece la siguiente explicación:
Con este motivo llegó a mi noticia, como dos meses ha, que cruzaban en pro y en contra remitidos sobre la cuestión en la Gaceta de Puerto Príncipe; y curioso por ver cómo se ventilaba, y no sin mucho placer de que se ventilasen semejantes puntos por los estudiosos del Camagüey (pues a fuer de cubano soy tan principeño como habanero), y en fin, y acaso más que todo, por mi amor decidido hacia la ciencia y los progresos de la instrucción pública, pedí a un amigo muy íntimo residente en aquella ciudad, me remitiese todos los comunicados: contestome que no había podido conseguir unos, y que otros nada de notable ofrecían, concluyendo con que enviara el que hubiese yo escrito sobre el particular, y caso de no ser ello suficiente para dilucidar, la cuestión, extendiese un artículo o memoria para llenar este vacío. Mi respuesta fue dirigirle a vuelta de correo el Elenco en que iba la Advertencia allí publicada, como única cosa que sobre el asunto hubiese yo impreso, y como todo lo que mis notorios antiguos achaques, mantenidos, si no fomentados por la estación calurosa, me permitían mandarle por el pronto. (De la Luz, 1946b, p. 20)
Con su condición de cubano por delante, el maestro determina el principio pedagógico-filosófico que orienta su propuesta de método, presente en la Advertencia-Proemio: Conocer la naturaleza y partir del hombre físico; es decir, en la enseñanza el hombre físico aprehende la naturaleza mediante sus órganos sensoriales y accede al conocimiento a través del procesamiento racional de esa información sensible.
El conflicto teórico trasciende en el plano político, porque la defensa de una enseñanza práctica y moderna supone el desarrollo de una educación para enfrentar las necesidades sociales del país y promover una cultura independiente, lo cual significa un desafío al sistema colonial imperante.
Entre los aliados más representativos del eclecticismo cousiniano en Puerto Príncipe sobresale Manuel Castellanos Mojarrieta (¿?), quien se da conocer en la Gaceta de Puerto Príncipe con el seudónimo de Rumilio, al publicar el 12 de mayo de 1838 el artículo Refutación de la Advertencia-Proemio. El artículo impugna la Advertencia-Proemio, que presenta Luz y Caballero en ese diario y en esa misma fecha. De esa manera, queda planteado, ante el público, el comienzo de la Polémica filosófica, como expresión de profundas diferencias ideológicas en las cuales se debate, como problema capital, la definición existencial de la patria.
Los dos polos humanos que representan el principio de la batalla de ideas, en el contexto de la Polémica filosófica, son el maestro José de la Luz y Caballero y el maestro de profesión Manuel Castellanos Mojarrieta. El primero es el auténtico representante de los intereses nacionales en formación y es reconocido como el educador por excelencia de la juventud cubana. El segundo ocupa el puesto de secretario del Ayuntamiento de Puerto Príncipe, simboliza los intereses de la educación colonial impuesta por la metrópoli española y se manifiesta como un defensor de las posiciones del eclecticismo del filósofo francés Víctor Cousin.
De acuerdo con este ecléctico, aunque los progresos de las ciencias son palpables, la proposición de que el estudio de la Física debe preceder al de la Lógica, contiene errores que destruyen añejos conocimientos aún vigentes. De esa manera, en su valoración acerca del objeto de la Lógica y la Física, las presenta como verdades absolutas, sin aportar la debida argumentación que exige la ciencia. Desde ese posicionamiento señala el ecléctico de Puerto Príncipe:
Sentados, pues, estos preliminares de que nadie ha dudado, ni ha podido dudar, ocupémonos de la cuestión en los términos de abstracción de una y otra ciencia; y si en este sentido, es decir, considerada la Física como mero conocimiento de los cuerpos, y la Lógica como el análisis que se practique en ellos, se ha querido anteponer el estudio de la primera proposición, y digo que, para conocer únicamente los cuerpos y distinguir sus propiedades sin combinaciones de ninguna otra especie, no sólo es necesario la precedencia de la Lógica, pero ni aun después sirve de cosa alguna. (Castellanos, 1946, p. 11)
Según sus criterios, la mezcla de los principios que dimanan del estudio de los cuerpos y las consideraciones que de ellos es posible formar, “son las que constituyen la verdadera ciencia de la Física; y semejantes combinaciones y deducciones no pueden obtenerse sino valiéndonos de la teoría del análisis” (Castellanos, 1946, p. 12). De esa tesis deduce, que la exactitud de los conocimientos en materias de Física, depende de la precisión del análisis que se realiza, por eso concluye:
Si, pues, la exactitud de los conocimientos en materias de Física depende precisamente del análisis bien hecho, y si la Lógica es la ciencia o la teoría del análisis, causa no poca admiración que se quieran obtener resultados ventajosos olvidando los medios indispensables de su consecución.” (Castellanos, 1946, p. 12)
Para el ecléctico, los hombres que discurren desde una Lógica metodizada, analizan y juzgan bien; entonces, sin estudio de la Lógica ninguno ha sido nunca físico, aunque todos observan los objetos y conocen sus propiedades. De esa manera tan sutil, minimiza el papel de la observación científica en la adquisición del conocimiento humano. Asimismo, niega que mediante la observación es posible percibir las propiedades fundamentales de los cuerpos y sitúa la abstracción como centro del proceso cognoscitivo, con lo cual sienta las bases teóricas para la exposición por Miguel Storch (Dómine) de la tesis, según la cual es más fácil conocer las propiedades de “nuestro ser” que las de los demás seres de la naturaleza.
De acuerdo con el ecléctico, el hombre posee una Lógica natural, que lo guía en todas sus observaciones, pero no todos logran exactitud en sus juicios y solo la alcanzan importantes representantes de la ciencia. De ese modo, desde la antigüedad, esas grandes personalidades organizan y deducen sus conocimientos a fuerza de meditación y de análisis, y a ese método deben sus grandes adelantos. En esa tesis Castellanos adelanta su aceptación del método psicológico o método de la observación interior. Por esa causa, manifiesta estar a favor del principio espiritualista nosce te ipsum[1] antes de pretender estar al tanto de los objetos y fenómenos del mundo. Desde el apriorismo que dimana del principio referido y de su predilección por los viejos métodos de enseñar Física, rechaza el método propuesto por Luz y Caballero en la Advertencia-Proemio, y sostiene que impugnará esa fórmula metodológica hasta que la experiencia no le pruebe, que la precedencia de la Física a las ciencias morales aporta mejores “conocimientos y nos proporciona mayores ventajas, y que yo vea genios superiores a los que me han sugerido, el que he seguido, no podré convencerme ni doblaré mi débil cerviz a la innovación que se pretende sea más útil” (Castellanos, 1946, p. 13).
El ecléctico también rebate la tesis lucista de que con el estudio de la Física se ejercita la mejor Lógica, que consiste en el análisis detallado de las propiedades y características de los objetos y fenómenos. Sobre este particular expresa:
No basta que la Física trate de cuerpos para que sea entendida, pues como queda dicho, el conocimiento único de ellos no se puede llamar Física; la combinación de sus propiedades y deducciones consiguientes son las que forman las ciencias, y para sacar estas deducciones se necesita más de la Lógica natural. (Castellanos, 1946, p. 13)
Con la tesis de la Lógica natural que rige el intelecto humano desde que el individuo alcanza la madurez necesaria para pensar y elaborar criterios propios, el ecléctico pretende justificar la existencia de la Lógica como el conjunto de reglas elementales que el profesor emplea para orientar de manera unilateral el modo de pensar de sus estudiantes. Asimismo, sostiene que el pensamiento del hombre debe apoyarse en conceptos claros que deriven en ideas ininteligibles y exactas que se adquieren a través del análisis, cuya perfección “lo da el buen método, y éste no se adquiere sino arreglando bien nuestras ideas; así, pues, no sólo la Lógica, sino también sus hermanas inseparables, la Gramática general y la Ideología deberán preceder al estudio de la Física” (Castellanos, 1946, p. 14).
El ecléctico niega la tesis lucista, expuesta en la Advertencia-Proemio, según la cual “Las ciencias naturales versan sobre objetos sensibles, más al alcance de la primera juventud, y por lo mismo más capaces de entenderla y deleitarla” (De la Luz, 1946a, p. 4). En su intento por desvirtuar el elevado valor gnoseológico y metodológico de esa tesis para activar el aprendizaje de los estudiantes expone:
La verdadera ciencia consiste en las nociones acertadas de las causas y de sus efectos, nociones que nos proporcionan los objetos sensibles, pero que no podemos adquirirlas con sólo la inspección de ellos; necesitamos, además, de la abstracción, de ejercitar nuestro entendimiento para formar ideas aisladas, que por medio del juicio venimos a aplicar a los objetos y concebir propiedades que nos eran desconocidas; los objetos sirven de punto de apoyo a nuestros conocimientos, emanan de ellos, si se quiere, pero no por su propia virtud; necesitamos, y no me cansaré de repetirlo, desentrañar sus propiedades, haciendo combinaciones puramente mentales, y al joven, a quien, sin haber aprendido el método de hacerlas, alejando la confusión, huyendo las falsas causas, se le obligase a estudiar los cuerpos y a decir definiciones que no ha sabido formar, estoy cierto que se le ha hecho perder el tiempo, y que si se quiere recuperarle necesita nuevo método y estudio. (Castellanos, 1946, pp. 14-15)
El ecléctico de Puerto Príncipe adorna su argumento con un ropaje empírico cuando reconoce que los objetos sirven de punto de apoyo al conocimiento, pero adopta posiciones del idealismo subjetivo cuando declara que para desentrañar las propiedades de los objetos, es necesario hacer combinaciones mentales; es decir, el conocimiento solo es posible mediante los complejos de sensaciones que forma el sujeto en su psiquis, pero sin que estas constituyan reflejos exactos de los objetos portadores de esas propiedades.
A continuación, para complicar la comprensión de las bases teóricas que fundamentan la enseñanza y el aprendizaje de los jóvenes, y negar la racionalidad del método lucista, afirma que desde la antigüedad la enseñanza comienza por las abstracciones. También considera, que el entendimiento forma sus primeras ideas solo cuando el niño alcanza la suficiente robustez para abstraer, pero sostiene que esas ideas no son las propiedades de los cuerpos, sino una creación del entendimiento; es decir, no reconoce las propiedades de los objetos como un reflejo en la conciencia de las características esenciales de los cuerpos.
Desde ese presupuesto teórico, sostiene que para enseñar Lógica a los jóvenes no es necesario que aprendan abstraerse, porque ellos lo hacen de modo natural y voluntario, hasta que captan por sí mismos cómo usar el método con que forman sus ideas, por eso afirma: “A esto se halla únicamente reducido el estudio de la Lógica, y mal que les pese a los partidarios del nuevo plan, teniendo que confesar que primero fue el hombre lógico que físico” (Castellanos, 1946, p. 16).
El 18 de junio de 1838 Luz y Caballero registra en las memorias de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, con el número 35, del tomo VI, el trabajo que titula: Si el estudio de la Física debe o no preceder al de la Lógica. El texto impugna la concepción acerca de la vieja lógica como la llave del sistema de conocimientos humanos, que sirve de fundamento al logicismo de Rumilio. En el documento el maestro determina que la aplicación del método analítico-experimental a la enseñanza y la organización del currículo es el centro de su análisis, que defiende desde el siguiente posicionamiento teórico:
Empezar por la Física, o en general por las ciencias naturales, es empezar por el principio: el hombre naturalmente se siente arrebatado a la contemplación de los objetos externos por el sinnúmero de sensaciones con que ellos asaltan todos sus sentidos: así forzosamente ha de ser naturalista antes que ideólogo: primero ha de comenzar por lo de fuera que por lo de dentro, mejor dicho, no puede conocer su interior sino precisamente en virtud del conocimiento de lo exterior. (De la Luz, 1946b, p. 22)
Desde ese fundamento teórico, considera que el método filosófico propuesto envuelve la verdadera Lógica que orienta la enseñanza y promueve el aprendizaje de los alumnos. Según sus puntos de vista, los resultados de la aplicación del método analítico-experimental en la enseñanza y la investigación evidencia su efectividad, por eso afirma: “Tan penetrados están todos los investigadores de la superioridad de este método, que no hay ramo de los conocimientos humanos a que no intenten aplicarlo, y siempre con el mejor éxito” (De la Luz, 1946b, p. 24). El vetusto modelo de enseñanza, aun imperante, parte del examen de las materias por algunos principios generales o por opiniones aceptadas como válidas por la tradición. Luego expone que el nuevo método sitúa en primer plano el estudio de los hechos como son en sí; por consiguiente, la observación aporta un conocimiento fidedigno de las circunstancias en que los fenómenos “se producen, y he aquí los experimentos de las ciencias morales; en fin, antes era menester a veces suponer los hechos, ahora es indispensable estudiarlos” (De la Luz, 1946b, p. 24).
Desde esa perspectiva, se declara defensor del método que ubica la enseñanza de la “Filosofía en el estudio de la naturaleza, y por consiguiente en la observación, y que luego apela a la inducción y al raciocinio, a fin de sacar de la observación todas las consecuencias que envuelve” (De la Luz, 1946b, p. 25).
Desde esa perspectiva teórica considera, que la variada y abundante información sensible que aportan las ciencias naturales, estimula el conocimiento y activa el aprendizaje. Asimismo, advierte que los saberes que se obtienen por esta vía están asentados en un complejo procesamiento racional de la información sensible. Por esa causa, algunas personalidades como el ideólogo francés Antoine-Louis-Claude Destutt de Tracy (1754-1836) promueven la adopción de métodos matemáticos para conducir la enseñanza. Sin embargo, destaca que ese mismo pensador, al tratar el problema de cómo potenciar el pensamiento lógico de los niños, adopta una posición concordante con las ideas más avanzadas de su tiempo, y plantea la necesidad de dar prioridad en la enseñanza a las ciencias naturales “y entre ellas a la Química y Fisiología aun sobre las matemáticas, contra la opinión de los que sostienen ser éstas la mejor Lógica imaginable” (De la Luz, 1946b, p. 25).
Luz y Caballero vive la época en la que las matemáticas presentan un progreso vertiginoso y sus resultados influyen cada día más en el devenir humano. Por esa causa, se consideran el modelo perfecto para desarrollar el pensamiento lógico. Sin embargo, al igual que Destutt de Tracy, afirma que para desplegar las capacidades cognoscitivas de los estudiantes es indispensable apelar a la enseñanza de las ciencias naturales, porque las matemáticas al tratar con relaciones de cantidad y proceder desde un encadenamiento continuado de abstracciones, no propician a la mayoría de los estudiantes una comprensión inmediata de los fenómenos del mundo objetivo. En cambio, las ciencias naturales, que también proporcionan un notorio impulso al avance de los diferentes sistemas educativos de Europa y Norteamérica, operan con objetos sensibles más accesibles al entendimiento de los niños y jóvenes; por tanto, su enseñanza es el mejor medio para hacer raciocinar a los niños y jóvenes. El propósito es que los educadores apliquen en cada momento el modelo lógico más adecuado, para impulsar el aprendizaje.
Asimismo, advierte que no se otorgue el nombre de Lógica a un grupo “de reglas tomadas a crédito sin el debido análisis, y muchas de las cuales no pasan de un hágalo usted bien, y ya lo hizo bien, como tan donosa cuanto expresivamente decía nuestro ilustre Varela” (De la Luz, 1946b, p. 28). De acuerdo con sus criterios, la Lógica debe ser asumida como directriz del pensamiento y teoría de las teorías, que necesita “de los datos que ofrecen las demás ciencias, para de ellos mismos deducir documentos para la dirección del espíritu humano” (De la Luz, 1946b, p. 30). Pero aclara, que esa condición que se le atribuye a la Lógica no significa que las ciencias intelectuales o la Lógica misma presidan la enseñanza o direccionen el orden curricular de los planes de estudios.
En el campo de la enseñanza el preceptor debe seguir siempre los pasos de la naturaleza si desea que sus alumnos la conozcan lo mejor y más rápido posible. El maestro advierte a los maestros que si quieren que sus educandos conozcan mejor la naturaleza, deben aplicar el método explicativo en la enseñanza. “Este es el verdadero secreto para poner en juego toda la actividad mental de estas tiernas criaturillas, y no ya indigestándoles indiscretamente, sino ofreciéndoles el alimento más adaptable a su naciente capacidad” (De la Luz, 1946b, p. 34). Con ese método filosófico es posible ajustar la enseñanza del niño a las necesidades de su aprendizaje y al desarrollo de su pensamiento.
La clave del éxito del método lucista cuando se aplica tanto en la enseñanza como en la investigación científica, radica en la aplicación oportuna del procedimiento de pasar de modo constante de los hechos a las abstracciones y de estas a los hechos, para acceder al conocimiento del objeto o fenómeno. Pero, aclara, que ese procedimiento no niega la tesis expuesta en su Advertencia-Proemio, en la cual establece que principiar por la Ideología es comenzar por las abstracciones, aun cuando algún “sensato” en tono burlón asiente que no es posible proceder en ninguna ciencia sin la abstracción, porque es el primer instrumento del análisis.
De acuerdo con sus criterios, los estudios filosóficos deben inclinarse por la aplicación del método de preparar a los alumnos para que alcancen un pensamiento lógico que los transforme en hábiles pensadores. Es ese el método que permite formar hombres activos, dotados de espíritus críticos y comprometidos con el futuro de la patria. Por consiguiente, considera que la educación del país necesita incentivar el estudio de la Lógica, pero no como el conjunto de reglas elementales que se emplean a partir del criterio unilateral de un preceptor, “sino una Lógica que se funde en el espíritu de observación; éste es el único medio de evitar esas definiciones alucinadoras que con la sana ciencia reprueba el articulista, y que sólo producen conocimientos nulos o superficiales” (De la Luz, 1946b, p. 37).
Luz y Caballero refuta el criterio de Rumilio de que la propuesta metodológica de la Advertencia-Proemio niega el papel de la abstracción en la búsqueda cognoscitiva y afirma que el verdadero instrumento de que se vale el espíritu humano es la abstracción sobre el cimiento de la observación. Por eso considera, que la Lógica es ciencia, en la medida que conduce al sujeto cognoscente a deducir, a discurrir con encadenamiento, lo cual significa saber deducir los raciocinios de los hechos, para relacionarlos estrechamente. Por consiguiente, razona que si para la marcha del saber es necesaria la abstracción, en él “hay Lógica; pero ésta no ha sido Lógica aplicada después de aprendida en general y como preliminar aparte, sino una Lógica hija legítima de la naturaleza, y alternativamente hija y madre forzosa de toda ciencia” (De la Luz, 1946b, p. 38).
De esa manera, ratifica que el más efectivo recurso en que se apoya el espíritu humano para discurrir con encadenamiento es la abstracción, asentada en la observación. Ese procedimiento constituye el fundamento de la Lógica, que se asume como hija legítima de la naturaleza y principio de toda ciencia; de ese modo precisa: “En este sentido diré que el hombre no fue primero lógico que físico, sino que no puede ser físico ni aun hombre sin discurrir o abstraer” (De la Luz, 1946b, p. 38).
Por consiguiente, ninguna investigación puede emprenderse si no está presidida por la abstracción. En el caso de los estudios sobre el desarrollo de la lengua en los niños, los mismos revelan cómo estos van gradualmente enriqueciendo su capacidad abstractiva, al recoger y acumular datos sencillos desde que comienzan a tartamudear hasta alcanzar una comunicación coherente mediante su lenguaje hablado. A partir del análisis de ese elemental ejemplo, el notable maestro cubano propone que la enseñanza y el aprendizaje debe organizase siguiendo el método, según el cual el que desarrolle una Gramática especial para principiantes aproveche las luces de la Gramática general. Asimismo, quien escriba sobre una ciencia cualquiera debe aprovechar las experiencias que aportan otras; por consiguiente, concluye: “antes la lengua que la gramática especial; y antes las lenguas que la gramática general: primero Física e Historia natural y después Psicología y Lógica” (De la Luz, 1946b, p. 39).
Además, plantea que es una necesidad priorizar el orden en que han de aprender los alumnos, por encima de lo que deben saber los educadores, luego aclara que ese es el proceder que se sigue en uno de los países más avanzados de aquel tiempo. Ante el debate sobre la precedencia de la Física o la Lógica, Luz y Caballero aclara a Rumilio: “La cuestión es sobre si la Lógica como ciencia cuyo objeto es exponer los fenómenos y teoría de la inteligencia, debe o no estudiarse antes que la Física” (De la Luz, 1946b, p. 39). El ecléctico sostiene, que primero fue el hombre lógico que físico, pero el maestro responde:
No, diré yo siempre: primero es observar que deducir; primero es recibir impresiones que reflejarlas; primero es ser niño que hombre: primero es crecer que madurar: primero es andar que explicar la marcha: que igual se me figura el empeño de estudiar primero las ciencias intelectuales, al de quien pretendiese que aguardara el niño para caminar hasta que se le enseñase la doctrina del movimiento. (De la Luz, 1946b, p. 39)
Luz y Caballero, de manera brillante, explica que una de las causas más influyentes en el predominio del método que prioriza en los planes de estudios las ciencias intelectuales y en particular la Lógica, fue el retraso histórico de España respecto de las demás naciones europeas, al no aplicar los resultados de la reforma filosófica acontecida en aquellos países. La metrópoli se traiciona a sí misma, porque en el Instituto asturiano desde un siglo antes se enseñan las ciencias físicas con independencia de las intelectuales; es decir, de forma separada y sin preceder la Lógica.
El maestro cubano propone educar los jóvenes en la responsabilidad de enfrentar a quienes pretendan apartarlos de sus deberes patrióticos, en virtud de lo cual señala que ha sido prioridad formar en ellos un elevado “espíritu de la crítica filosófica, hasta el punto de predicarle con el consejo y el ejemplo; que un profesor entendido y de conciencia debe proporcionar a sus alumnos los medios de juzgarle, acostumbrándolos a apelar a sus propias observaciones” (De la Luz, 1946b, pp. 48-49). Es así, que el preceptor debe tomar todas las precauciones contra la autoridad, para evitar que ejerza su maligna influencia sobre la razón e impida la formación de los estudiantes como reclama el tiempo.
Conclusiones
Las posiciones epistemológicas de los dos contendientes que dan inicio a la Polémica filosófica en mayo de 1838, trazan las pautas generales del proceso de conceptualización resultante del enfrentamiento de dos concepciones filosófico-pedagógicas discordantes. La teorización desplegada por los contendientes traza las pautas teóricas del proceso de formación y enseñanza de una Filosofía cubana e independiente entre 1838 y 1839.
Luz y Caballero, desde una novedosa recomendación metodológica, en su primera publicación de mayo de 1838 quiebra los patrones tradicionales de enseñanza y organización curricular de los planes de estudios, que prevalecen en la educación colonialista imperante en Cuba. El cambio que fundamenta el maestro tiene el propósito de dinamizar y optimizar el aprendizaje de niños y jóvenes en la naciente escuela cubana. La propuesta lucista simboliza los intereses nacionales en formación y es el arma metodológica, desde la cual fundamenta las grandes transformaciones educacionales protagonizadas en las cátedras del colegio de San Cristóbal y el convento de San Francisco, que lo convierten en el educador de la juventud cubana. Por esa causa, en la gran disputa teórica defiende la concreción de un proyecto educacional para formar la generación de jóvenes llamados a protagonizar las grandes transformaciones sociales que el tiempo histórico plantea.
A la avanzada visión filosófica, contenida en la propuesta metodológica fundamentada por Luz y Caballero en su Advertencia-Proemio se opuso Manuel Castellanos Mojarrieta, quien personifica los intereses de la educación colonial, impuesta por la metrópoli española. En la confrontación teórica, este personaje se manifiesta como un abierto defensor de las posiciones del eclecticismo del filósofo francés Víctor Cousin.
Referencias
Castellanos, M., (Rumilio). (1946). Refutación de la Advertencia-Proemio. (Gaceta de Puerto Príncipe, mayo 12 de 1838). En La Polémica filosófica, (pp. 7-16, Vol. III. Tomo 1). Universidad de La Habana.
https://islas.uclv.edu.cu/index.php/islas/article/view/738
De la Luz, J. (1946b). Si el estudio de la Física debe o no preceder al de la Lógica. Cuestión de método. (Primera réplica a la refutación de Rumilio, registrada en las Memorias de la Real Sociedad Patriótica de La Habana de la Habana el 18 de junio de 1838, número 35, del tomo VI). En La Polémica filosófica, (pp. 17-50, Vol. III. Tomo I). Universidad de La Habana.
Guadarrama, P. (2009). Principales etapas y rasgos de la filosofía en Cuba. Cuadernos de filosofía latinoamericana, 30(100), 59-96. https://revistas.usantotomas.edu.co
Ternevoi, O. C. (1981). La filosofía en Cuba; 1790-1878. Ciencias Sociales. https://books.google.com.cu/books/about/La_filosofia_en_Cuba_1790_1878.html
Conflicto de intereses
El autor declara que no existen conflictos de interés