Formación y enseñanza de una filosofía cubana entre 1838 y 1839 II

Formation and teaching of a Cuban Philosophy between 1838 and 1839 II

Formação e ensino de uma filosofia cubana entre 1838 e 1839 II

1Falconeri Lahera Martínez*, ORCID: https://orcid.org/0000-0002-9254-2485

*Universidad de Holguín. Cuba.

*Autor para la correspondencia: falconerilm@uho.edu.cu

Resumen

El artículo que se pone a disposición de los lectores tiene como objetivo examinar la trayectoria de los estudios de la filosofía en Cuba y su ascenso al análisis de la formación y enseñanza de una filosofía autónoma entre 1838 a 1839. Se explica cómo importantes personalidades de las Ciencias Sociales reconocen los valores del pensamiento cubano desde su génesis, descubriendo sus principales características. Otros investigadores priorizan el estudio de la obra de sus más encumbrados representantes y admiten que Luz y Caballero introduce un cambio hacia la elaboración de una Filosofía cubana. El autor propone la presentación de pruebas suficientes que expliquen el carácter autóctono de ese nuevo pensar. Induce a que se demuestre cómo ocurre ese acontecimiento. Indica que se fundamenten sus dimensiones epistemológicas y plantea la necesidad de continuar enriqueciendo el estudio del proceso de formación de una Filosofía propia por el gran maestro cubano.

Palabras clave: Enseñanza de la Filosofía; espíritu crítico; experimento; lógica; método.

Abstract

The article, which is made available to readers, aims to examine the trajectory of philosophy studies in Cuba and its rise to the analysis of the formation and teaching of an autonomous philosophy between 1838 and 1839. It explains how important personalities of the Social Sciences recognized the values ​​of Cuban thought from its genesis, discovering its main characteristics. Other researchers prioritize the study of the work of its most distinguished representatives and admit that Luz y Caballero introduced a change towards the elaboration of a Cuban Philosophy. The author proposes the presentation of sufficient evidence to explain the autochthonous character of this new thinking. He induces to demonstrate how this event occurs. He indicates that its epistemological dimensions are founded and raises the need to continue enriching the study of the process of formation of a proper Philosophy by the great Cuban teacher.

Keywords: Teaching of Philosophy; critical spirit; experiment; logic; method.

Resumo

O artigo que se coloca à disposição dos leitores tem como objetivo examinar a trajetória dos estudos de filosofia em Cuba e sua ascensão à análise da formação e do ensino de uma filosofia autônoma entre 1838 a 1839. Explica como personalidades importantes das Ciências Sociais reconhecem os valores ​​do pensamento cubano desde a sua gênese, descobrindo suas principais características. Outros pesquisadores priorizam o estudo da obra de seus mais ilustres representantes e admitem que Luz y Caballero introduz uma mudança no desenvolvimento de uma filosofia cubana. O autor propõe a apresentação de evidências suficientes para explicar o caráter indígena deste novo pensamento. Isso leva a demonstrar como esse evento ocorre. Indica que suas dimensões epistemológicas estão fundamentadas e levanta a necessidade de continuar enriquecendo o estudo do processo de formação de uma Filosofia própria pelo grande mestre cubano.

Palavras-chave: Ensino de Filosofia; espírito crítico; experimentar; lógica; método

Introducción

El artículo que se presenta tiene como objetivo la valoración de la trayectoria de los estudios de la filosofía en Cuba y su ascenso al análisis de la formación y enseñanza de una filosofía autónoma entre 1838 y 1839. La investigación que sustenta el resultado presentado se apoya en el análisis crítico de las fuentes más actualizadas. Al mismo tiempo, el autor prioriza las publicaciones de autores de prestigio y amplio reconocimiento en los estudios sobre la Historia de la Filosofía en Cuba. De ese modo, se revelan las especificidades del pensamiento de las personalidades, que desde los mejores valores de la filosofía moderna dan los primeros pasos en la construcción de una concepción filosófica independiente.

Materiales y métodos

En la investigación desarrollada, el autor aplica los métodos que más se ajustan a las características del tema. En ese sentido, prioriza el procesamiento de los textos reunidos, cuyos datos generaliza mediante los procedimientos lógicos del conocimiento científico. Asimismo, selecciona los materiales de trabajo en correspondencia con las demandas del proceso de investigación, el cual orienta hacia el cumplimiento del objetivo declarado.

Resultados y discusión

A fines del siglo XVIII, nace en Cuba un movimiento de renovación del pensamiento, conformado por un selecto grupo de iluministas conocido como: Generación del 92, que deja huellas evidentes en las diferentes manifestaciones de la vida espiritual del país. En ese contexto, se fundaron dos nuevas instituciones que promueven importantes transformaciones sociales e impulsan cambios culturales significativos: el Papel Periódico de la Havana (1790) y la Real Sociedad Patriótica de La Habana o Real Sociedad Económica de Amigos del País (1792), que se unen al ya existente Real y Conciliar Colegio-Seminario de San Carlos y San Ambrosio, para acelerar el desenvolvimiento de la filosofía en Cuba. En esas condiciones, el movimiento de renovación de pensamiento protagoniza el enfrentamiento a la servidumbre teológica, imperante en el escolasticismo y el aristotelismo dominantes en el pensamiento social.

Una de las personalidades protagónicas del movimiento de renovación intelectual es el maestro-filósofo José Agustín Caballero (1762-1835), quien desde 1785 imparte Lógica, Filosofía y Moral en las aulas del Real y Conciliar Colegio-Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Su obra educacional trasciende, porque a través de ella promueve el nacimiento de un fuerte espíritu patriótico en la sociedad criolla. El movimiento de cambios liderado, aglutina lo más representativo de la juventud ilustrada reformista, cuyos integrantes, con su accionar filosófico, pedagógico, económico, político, literario y social marcan las pautas del ulterior desarrollo histórico del país.

Los cambios que comienzan a operarse en la enseñanza de la Filosofía en el Real y Conciliar Colegio-Seminario de San Carlos y San Ambrosio, discurren bajo el influjo del pensamiento electivo que llega desde España, el cual se identifica como el modo típico de enfrentar los problemas filosóficos en aquel momento. El ilustrado claustro de esa institución, desde su fundación, erige cátedras que fueron desempeñadas, tanto por profesores eclesiásticos como laicos, quienes promueven un pensamiento libre. “Dichos profesores fueron modificando los sistemas e introduciendo positivas mejoras en la enseñanza y sus métodos, tratando de incorporar al plan de estudios lo que en Europa se consagraba como más acertado” (Remo, 1952, p. 303). En esas condiciones históricas el José A. Caballero inicia el desarrollo de un espíritu crítico, que preside el discurso filosófico de avanzada, en las primeras dos décadas del siglo XIX cubano.

Pero ese nuevo espíritu aún no posee la fuerza necesaria para plantearse la revisión radical del epistema reinante; por consiguiente, opta por la conciliación y apela a la fórmula electiva de concertar “sistemas, tomando de cada uno lo que pareciera verdadero, constituyó la base metodológica y conceptual del proyecto filosófico reformista y fue el vehículo esencial de introducción de concepciones modernas; en esto último radica uno de sus rasgos más positivos” (Monal y Miranda, 1994, p. 10).

La investigadora Buch (2013) resalta que el nuevo pensar filosófico que se perfila en el país, protagoniza una intensa lucha contra la escolástica imperante, y José A. Caballero, con evidente intención reformadora, mediante su labor pedagógico-filosófica incorpora, desde finales “del siglo XVIII nuestra filosofía al pensamiento moderno, a la vez que inauguraba como pionero sin precedentes, la posibilidad de “elegir libremente” entre todos los sistemas filosóficos” (p. 4).

En 1791 José A. Caballero publica en el Papel Periódico de la Havana los rudimentos de su nueva concepción sobre la enseñanza de la Filosofía, resaltando la labor que despliegan Isaac Newton (1643-1727), Johannes Kepler (1571-1630) y Renato Descartes (1596-650) en la búsqueda de un método universal de investigación científica de la naturaleza. La publicación marca el comienzo del llamado de atención hacia el estudio sistemático y riguroso de la naturaleza. Su autor propone el uso consecuente del método experimental, que exige la aplicación de la observación y el experimento, como soporte básico del camino que se recorre en la profundización del conocimiento. Asimismo, explica el valor metodológico y el objetivo social de las grandes renovaciones científicas introducidas en los países avanzados de Europa, y al respecto declara que las reformas aportan una nueva visión del método científico, necesario para conocer la naturaleza, no adivinando sus secretos, “sino interrogándola por las experiencias y estudiándola con observaciones continuas y bien meditadas” (Caballero, 1956, p. 12).

En todos los artículos filosóficos que Caballero publica en el Papel Periódico de la Havana, denuncia que la enseñanza de aquel momento contradice el progreso de las ciencias y el arte; declara incapaz a la vieja teología medieval para formar los niños y jóvenes en correspondencia con las demandas del tiempo histórico y se proyecta a favor una teología a fin a los intereses nacionales en formación. Recomienda iniciar una reforma educacional por la universidad, a partir de un plan de estudios asentado en una nueva visión de la enseñanza de las ciencias y las artes, para emplearse en beneficio de la patria.

También esboza la idea de que la educación de la juventud constituye el objeto de la sociedad, para que un día ella devenga sujeto de grandes cambios sociales. Exalta la obra transformadora de la filosofía moderna al borrar las sombras del escolasticismo, proclama la necesidad de acudir al experimento para acceder a la verdad y explica cómo desde la experimentación puede abandonase el camino de la verdad. Proclama el experimento como criterio de veracidad y la Física ciencia experimental por excelencia. Determina el lugar de la experiencia y la razón en la adquisición de conocimientos y afirma que el experimento descubre los efectos, pero la razón revela la causa. Asimismo, presenta a Newton como el fundador de la Física moderna, desde la cual fundamenta un nuevo método de filosofar. Explica que las ciencias experimentales incentivan el desarrollo de la agricultura, el comercio, la industria, la música, la pintura etc., y considera que el cultivo de la Química, la Física y la Matemática impulsan el progreso del género humano.

En línea directa con las posiciones de la ciencia moderna, considera indispensable la demostración rigurosa en todas las ramas del saber humano, pero aclara que para aplicarla con éxito es imprescindible dominar el arte de la argumentación, que exige la conducción del discurso de manera coherente para favorecer la fluidez del pensamiento. Por tanto, su gran aspiración pedagógica es lograr que la educación se encamine a formar el intelecto de los jóvenes, de manera que estos dominen el arte de ordenar el discurso.

En 1797 su libro Filosofía Electiva trasciende como el primer texto de filosofía creado en Cuba con fines docentes en el Real y Conciliar Colegio-Seminario de San Carlos y San Ambrosio. El documento fundamenta el papel metodológico que desempeña la lógica en la formación de los jóvenes, al establecer que esta es “una especie de modo de proceder ordenadamente en el conocimiento de la verdad” (Caballero, 1944, p. 134). Por esa causa, habla de dos métodos: el lógico-analítico y el lógico-sintético o de transmisión de conocimientos. El primer método, señala, es esencial, porque aporta el arte de ordenar el pensamiento para acceder a la verdad; es decir, a través de él puede buscarse el efecto en sus causas y dividirse el todo en sus partes para descubrir los secretos del objeto. Encontrada la verdad o establecida la falsedad, los resultados obtenidos son expuestos con ayuda del método lógico-sintético, al que sólo le reserva la función de trasmitir conocimientos, sin reconocer su papel en la investigación.

Sobre esa base, intenta superar las barreras escolásticas que limitan la comprensión del valor epistémico de la lógica aristotélica, presentándola como una disciplina que estudia las facultades intelectuales del hombre, para guiarlo en la búsqueda del saber. De ese modo, da los primeros pasos del proceso de rectificación de la lógica, para acercarla lo más posible a la condición de método seguro de análisis.

Félix Varela y Morales (1788-1853), continuador por excelencia de la obra del Padre Caballero, expone la necesidad de modernizar la educación en el país, como condición indispensable para introducir reformas sustanciales en el panorama filosófico, derribar el imperio de la escolástica en la enseñanza y promover el progreso ulterior del pensamiento en Cuba. “Varela fue el iniciador en Cuba de la radicalización y de la plena modernización de la filosofía. Por otra parte, se inscribe dentro del movimiento de renovación del pensamiento político y social que tuvo lugar en el continente” (Álvarez, 2022, p. 30). Sus preferencias por el pensamiento filosófico moderno lo conducen a asumir los fundamentos de la lógica del sensualismo representado por Locke y Etienne Bonnot de Condillac (1715-1780). Asimismo, manifiesta simpatías por la gnoseología y la metodología de Descartes, aunque rechaza su innatismo. Sobre el lugar de la Lógica como ciencia en la búsqueda de conocimientos Varela (1952) plantea:

Damos el nombre de Lógica a aquella facultad que dirige nuestra mente hacia el conocimiento de lo verdadero. Por tanto, cuando el hombre guiado por la luz de la naturaleza investiga la verdad y hacia ella tiende por decirlo así a impulsos del propio instinto de la razón, tiene lugar la Lógica natural o la natural aptitud y facultad de inquirir lo verdadero. En ayuda de esta lógica natural viene la artificial, que no es otra cosa que cierto conjunto de preceptos o de reglas obtenidas de una asidua observación y de la experiencia, que nos conducen al conocimiento de la verdad. (p. 27)

Varela (1944) impugna la lógica escolástica, predominante en el pensamiento de su tiempo y da un paso adelante en la creación de una metodología para la ciencia, al declarar que toda operación racional descompone y recompone las ideas; es decir, el método de conocimiento es, al mismo tiempo, analítico y sintético. También sostiene que el conocimiento no se alcanza de manera espontánea por la razón, y que es necesario, ante todo, “buscar en los hechos particulares la verdad de los generales, teniendo por guías la observación y la experiencia” (p. 31). Lo más significativo es que el sabio cubano desecha los arcaicos procedimientos de búsqueda del conocimiento, propios del escolasticismo español, y en su lugar defiende la doctrina tomista sostenida por el Padre Caballero, combinándola con los principios metodológicos de la lógica moderna, que promueve el nacimiento de una nueva concepción de la ciencia, basada en la observación y el experimento.

Del mismo modo, defiende la tesis acerca de la necesidad de demostrar con argumentos convincentes cualquier teoría, otorgándole un gran valor a la argumentación, considerándola como la ordenación congruente del pensamiento para probar algo. Así traza el camino para armonizar los métodos empíricos y teóricos, sobre la base de la observación de los hechos, pero no profundiza en el análisis del contenido y lugar de los procedimientos empíricos, ni muestra mucho interés con respecto al uso de la abstracción. No obstante, le corresponde el mérito de haber consolidado la formación de una conciencia “en sí” de la filosofía en Cuba, fortaleciendo el estudio de sus bases epistemológicas.

En 1824 Luz y Caballero asume la cátedra de Filosofía del Real y Conciliar Colegio-Seminario de San Carlos y San Ambrosio, en sustitución de José Antonio Saco y López Cisneros (1797-1879). En esa institución, asume la enseñanza de la Filosofía, de acuerdo con las modificaciones trazadas por Varela, pero en esta etapa solo realiza algunos cambios metodológicos y curriculares, que varios años después constituyen la base de las grandes transformaciones educacionales protagonizadas en el colegio de San Cristóbal.

De acuerdo con Torres (2016), en ese tiempo, mientras en el plan de estudios del Real y Conciliar Colegio-Seminario de San Carlos y San Ambrosio, predomina la presencia de la Física experimental en la enseñanza de la Filosofía, en la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana señorea la Metafísica. En ese tiempo el Seminario de San Carlos representa la avanzada del pensamiento social cubano que nace y en él se explican los más actualizados resultados de las ciencias del momento. “En ello hay una clara innovación con respecto a las estructuras escolásticas tradicionales” (p. 126).

El 14 de septiembre de 1824, al iniciar su labor magisterial en el Seminario de San Carlos anuncia los cambios referidos, al declarar que el curso de Filosofía que instituía ese día, comenzaría por el estudio del hombre, considerando sus facultades intelectuales, el modo de cultivarlas y corregirlas, y el origen de las ideas y las pasiones; desde la Ideología, la Fisiología y la Moral. También insiste en estudiar la naturaleza, desde un prisma newtoniano, lo cual supone la aplicación del método experimental, y desde la perspectiva del método de Descartes, a quien considera uno de los más elevados representantes de la filosofía moderna.

En ese tiempo aún prevalecía en la educación, el viejo modelo de organizar la enseñanza de la Filosofía, desde una perspectiva curricular, comenzando por la Lógica. Así justifica que el estudio del hombre comenzara por el examen de sus facultades intelectuales y luego atendiera el modo de cultivarlas y corregirlas. La segunda materia que incluye en su nueva organización curricular es la Ideología, en tercer lugar, ubica la Fisiología, en cuarto ubica la Moral y al final sitúa la Física, para concretar el estudio de la naturaleza.   

En 1828 Luz y Caballero inicia un viaje por varios países de Norteamérica y Europa. Recorre parte de los territorios de los Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, Inglaterra, Escocia, Dinamarca, Bélgica, Holanda y Suiza. En esos países intercambia experiencias en sus lenguas respectivas con personalidades de la cultura y las ciencias como el poeta estadounidense Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882), el naturalista francés George Cuvier (1769-1832), el historiador francés Jules Michelet (1798-1874), el lingüista italiano Giuseppe Gasparo Mezzofanti (1774-1849), el naturalista alemán Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander von Humboldt (1769-1859), el dramaturgo, novelista y poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), en la ciudad de Edimburgo conoce al escritor Walter Scott (1771-1832), también intercambia con el pedagogo suizo Johann Heinrich Pestalozzi (1746-1827) y otros.

Durante el viaje contacta las fuentes del pensamiento filosófico moderno, en grandes ciudades de los países más adelantados. En Francia consulta las obras de los principales representantes de la filosofía moderna de esa nación; en Londres actualiza sus conocimientos sobre el empirismo en todas sus variantes; en Escocia estudia de modo especial la obra del filósofo idealista William Hamilton (1788-1856) y en Alemania enriquece sus conocimientos sobre la filosofía idealista alemana, a través de las obras de sus más reconocidos representantes como Immanuel Kant (1724-1804), Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) y Fredrich Wilhelm Josepph Schelling (1775-1854).

Después de su regreso a Cuba en 1831, el 6 de noviembre de 1832, convencido de la función teórico-metodológica que cumple la filosofía como guía del proceso de Reforma educacional, anuncia la apertura de una clase de Física y un curso de Filosofía, en el Colegio de San Cristóbal, ajustado al desarrollo de una educación en función de dar respuesta a las necesidades del país. En 1833 declara que las transformaciones educacionales deben regirse según los principios didácticos y pedagógicos previstos en su Filosofía de la enseñanza y el 14 de marzo de 1834 estrena su clase de Física e inicia su curso de Filosofía, con una nueva visión de los contenidos que la integrarían, las funciones teórico-metodológicas que le correspondían y las tareas formativas que debía cumplir.

En esas condiciones, considera necesario extender la renovación de la educación en el país, como condición indispensable para transformar el panorama filosófico imperante. La apertura del curso en el Colegio de San Cristóbal, proporciona la oportunidad de acelerar el proceso de radicalización filosófica iniciado por Varela y permite presentar un proyecto de enseñanza que encarga a la filosofía la misión de direccionar las transformaciones demandas por la sociedad de su tiempo. Como respaldo documental a las transformaciones previstas para introducir en esa institución, Luz y Caballero elabora el elenco titulado: Índice razonado de algunas materias físicas. Propuestas en la clase de Filosofía del Colegio de San Cristóbal, también conocido como Elenco de 1834. En el texto el maestro cubano renueva su visión curricular de organizar la enseñanza, al exponer la necesidad de que el curso de Filosofía comience por contenidos de Física, presentando en detalles el método, los medios y los sistemas de conocimientos de Física, según los fundamentos teóricos y metodológicos de su Filosofía de la física, que fueron extendidos al Colegio de San Fernando.

A partir de ese momento, considera necesario dar prioridad al estudio del método como recurso didáctico para orientar la enseñanza y optimizar el aprendizaje de los niños y jóvenes. Según Cartaya (1989), “Don Pepe abogó por la utilización de métodos experimentales en la enseñanza y los utilizó creadoramente en su práctica como maestro” (p. 51). Por esa causa rechaza el uso del método lancasteriano y en su lugar aplica el método explicativo, la observación y el experimento.

En 1835 Luz y Caballero aproxima aún más la enseñanza de la Filosofía a los intereses nacionales en formación. Por esa causa, en el mes de diciembre elabora el Elenco de 1835 o Elenco de Carraguao, en el que introduce cambios sustanciales para perfeccionar la enseñanza de la Filosofía, ajustándola más a las exigencias de la formación patriótica y científica de los jóvenes. En el documento, la teorización en torno a su Filosofía de la enseñanza alcanza un elevado nivel de conceptualización, que le permite conformar una propuesta más avanzada de las temáticas que se introducen en San Cristóbal, cuyo tratamiento refleja su interés por superar el carácter dogmático que aún mantenía la enseñanza de la Filosofía en la naciente escuela cubana. El texto se elabora bajo el título: Doctrinas de Psicología, Lógica y Moral expuestas en la clase de Filosofía del Colegio San Cristóbal, sito en Carraguao, contiene una Advertencia en la cual se plasman los dos propósitos formativos que conducen a su elaboración. El primer propósito se esboza de modo indirecto, y expresa el interés de enseñar “a los alumnos el verdadero espíritu filosófico, que es el de la crítica universal” (De la Luz, 1950, p. 88). El segundo propósito es expuesto de manera explícita y está dirigido a que los estudiantes cuenten con un texto analítico de las materias filosóficas para realizar la preparación con vista a los exámenes. Por esa causa el texto es presentado como un libro metódico, dirigido al aprendizaje de los alumnos.

El Elenco de 1835 contiene los principios y tesis básicas, en las que Luz y Caballero resume sus estudios acerca de la fuente, naturaleza y trayectoria del conocimiento humano. El análisis resultante de la enseñanza de esa nueva manera de enfocar el estudio de la gnoseología, enriquece sustancialmente la concepción acerca del origen y el papel de las ideas en el proceso del conocimiento. De igual manera, se apoya en el empirismo de Locke, pero a partir de una interpretación muy flexible y dinámica, que lo conduce a superar las debilidades impuestas por el mecanicismo a la doctrina del filósofo inglés. De ese modo, expone las bases teóricas esenciales que sustentan su doctrina empirista y materialista del conocimiento, al expresar de forma precisa el principio filosófico desde el cual se fundamenta el origen del conocimiento humano: “La experiencia es el punto de partida de toda especie de conocimientos” (De la Luz, 1950, p. 89).

Como manifestación del incremento de la radicalización filosófica y la elevación del carácter crítico de su pensamiento, en el Elenco de 1835 advierte el peligro, que, para la consolidación del proceso de formación nacional, representaba la moral utilitaria: “La moral del interés nos abre un abismo de males: he aquí sus consecuencias forzosas. 1ª El olvido de nuestros derechos. 2ª La pretensión de contentar al hombre sólo con goces físicos. 3ª La degradación del carácter nacional” (De la Luz, 1950, p. 108).

El rechazo lucista a la moral del interés posee un elevado valor histórico, pedagógico e identitario, porque devino recurso para la fundamentación de la crítica a las concepciones de los partidarios del principio de utilidad, que en 1839 intentan contaminar el naciente pensamiento cubano con las dañinas concepciones de la moral utilitaria. Asimismo, constituyen el contenido esencial de una nueva ética en formación, que anuncia la llegada de un nuevo paradigma formativo para la educación cubana.

La primera institución que Luz y Caballero convierte en escenario académico de su plan de Reforma educacional, es el Colegio de San Cristóbal o colegio de Carraguao. En ese centro educacional inicia la enseñanza de una filosofía ajustada a las necesidades sociales y traza los contornos teóricos y metodológicos fundamentales de su futuro sistema filosófico. El trabajo pedagógico que despliega en esa institución y las experiencias alcanzadas con la enseñanza de la Filosofía, le permitieron consolidar la conciencia de que “Una filosofía sólo tiene valor y sentido, cuando es capaz de iluminar —si no de solucionar— los grandes problemas atinentes al hombre en el tiempo y orbe que el filósofo vive” (Agramonte, 1950, pp. XI-XII).

El suceso teórico que promueve la defensa del pensamiento social más avanzado del momento en el país, es la Polémica filosófica. En esa controversia Luz y Caballero juega un papel protagónico, abalado por su disposición al debate como arma de lucha de ideas. La investigadora Conde (2009) presenta ese gran debate como un hecho cultural trascendental, y al respecto explica que la misma debe estudiarse como un “proceso de formación cultural de la sociedad cubana, cuyos antecedentes la explican y cuyas consecuencias marcarían rumbos en los destinos teóricos del país. Desentenderla de este rigor histórico sería mutilar y mitigar la significación de tan compleja confrontación de ideas” (p. 3).

La Polémica filosófica, uno de los eventos teóricos más significativos de su época, comienza en mayo de 1838 y culmina en julio de 1840, aunque entre septiembre y octubre de ese año aun algunos defensores del eclecticismo publican artículos que no tienen ninguna repercusión filosófica o política. Durante la disputa afloran criterios opuestos acerca del método, sobre la correlación entre la ideología como doctrina de las ideas y la literatura, la moral religiosa, así como la moral utilitaria y el eclecticismo de Cousin. Además de los temas referidos, se discuten otros que también contribuyen al enriquecimiento de la filosofía y las ideas educacionales.

El episodio, en su desarrollo, revela la profunda polarización de los intereses socio-políticos de las distintas facciones del sector liberal cubano. Los promotores del pensamiento conservador, comprometidos con el sistema colonial y sus instituciones, utilizan para sus fines políticos los postulados del eclecticismo de Cousin. Este grupo fue enfrentado por los seguidores del ideal patriótico vareliano, liderado por Luz y Caballero, quien sostiene las concepciones más avanzadas de su tiempo, a favor de crear las condiciones para fundar una nación próspera y autónoma.

Como resultado del agudo enfrentamiento teórico generado en la Polémica filosófica, el eclecticismo fue enfrentado en un singular combate de ideas, en el cual Luz y Caballero desenmascara la finalidad política reaccionaria de esa doctrina filosófica. Las disputas generadas en torno a los temas debatidos, demuestran el carácter antagónico del pensamiento cubano desde su propia génesis y punen de relieve, que las diferencias y las contradicciones constituyen el motor impulsor del desarrollo de las ideas sociales en el país.

La Polémica filosófica discurre acompañada por una intensa contradicción entre los actores políticos, que pugnan por obtener ventajas en el dominio de los medios de ejercicio del poder. El conflicto provoca un reacomodo de la vida social en el país, en especial, de los mecanismos ideológicos y teóricos. En líneas generales, la gran discusión filosófica refleja con total nitidez la esencia política de la confrontación de ideas en el país, en una de las etapas más complejas del proceso de formación de la conciencia nacional.

La opinión autorizada del investigador Agramonte (1946) abre el camino de la comprensión del papel social que juega la Polémica filosófica en la evolución del pensamiento cubano de su época. Después de reconocer la originalidad de ese gran suceso declara que en el pensamiento hispanoamericano no se produjo otro “que revele una mayor confianza en la autenticidad del conocimiento y en la necesidad de las ideas para la vida, que ese ciclo integrado por las cinco grandes polémicas sostenidas en Cuba entre mayo de 1838 y octubre de 1840” (p. XIII).

Piñera (1979), al valorar la trascendencia de la Polémica filosófica, adopta una posición comprometida con la causa cubana y declara, que la misma “no es sino la piel del antagonismo cada vez más ostensible entre conservadores y progresistas: en fin, entre partidarios del régimen colonial y defensores de la independencia” (p. 7). Por su parte, Ternevoi (1981) emite la siguiente valoración sobre la gran confrontación de ideas: “La polémica filosófica de 1838-1840 fue un importante acontecimiento de la vida política de Cuba. Atrajo la atención de sus contemporáneos en muchos rincones del país y más allá de sus fronteras” (p. 195).

Guadarrama (1986) declara que Luz y Caballero alcanza un gran “prestigio por su magisterio esclarecedor de la joven generación que empuñaría las armas en la primera guerra por la independencia” (p. 21). También, resalta su altruista labor de perfeccionamiento teórico del saber filosófico, presentándolo como generador de una filosofía auténtica y formador del espíritu independentista en Cuba. De ese modo, lo reconoce como “el maestro de la generación encargada de lanzarse a la guerra por la independencia” (p. 26).

Asimismo, Rodríguez (1988) señala que en el enfrentamiento al eclecticismo fueron puestas al descubierto las raíces sociales de esa doctrina filosófica: “Al enfrentarse el proyecto conciliatorio de V. Cousin, Luz desentraña la naturaleza sofística del eclecticismo, que lejos de argumentar sus posiciones con la ciencia acude al principio de autoridad” (p. 154). También, Miranda (2012), comenta que la Polémica filosófica surge de las “discrepancias en torno a cuál debía ser el mejor método para la enseñanza y que ciencias debían ser el mejor método para la enseñanza y qué ciencias debían inaugurar el programa de estudios” (p. 2). Por su parte, De Armas (2000) considera que la gran disputa constituye uno de los eventos teóricos más trascendentes de su época y aporta al distinguido educador, la oportunidad de erigirse norte de la vida espiritual del país, al respecto precisa que Luz y Caballero no sólo protagonizó “la polémica, sino que su argumentación fue la que alimentó el fuego de la discusión, la que provocó nuevos problemas; y en fin la que estimuló a partidarios de uno y de otro bandos” (p. 120).

Buch (2009) declara que la Polémica filosófica exige a sus protagonistas un amplio conocimiento del pensamiento filosófico universal, “de lo cual Luz hace gala a lo largo de toda su obra, colmada de citas y valoraciones del pensamiento universal en todos los tiempos, sorprendentes, si se tiene en cuenta el contexto de la Cuba colonial” (p. 16). En una publicación más actualizada acerca de la filosofía lucista esta autora precisa: “Entre 1838 y 1840, protagonizó la gigantesca y conocida polémica filosófica, que puso a toda prueba su profundo dominio de la filosofía de la época y su vasta erudición” (Buch, 2022, p. 214).

La defensa del proceso de formación nacional por Luz y Caballero, desde posiciones teóricas de avanzada, revela en el contexto de la Polémica filosófica, su pleno dominio de la madurez alcanzada por los intereses nacionales, que habían mantenido un progresivo avance desde principios del XIX. Por consiguiente, el maestro fue consciente del progresivo desarrollo de los intereses económicos, políticos y sociales del naciente cubano.

En esa etapa del desarrollo histórico cubano, la formación de una cultura nacional, aunque no estaba explícita en el discurso de los defensores del pensamiento vareliano, subyacía en forma de ideal, que promovía su accionar en todos los ámbitos del quehacer social. De ese modo, las transformaciones sociales acaecidas y el avance del pensamiento que empezaba a distinguir al naciente ciudadano cubano, impulsa la determinación gradual de los objetivos que se proponen alcanzar los defensores del espíritu patriótico.

En 1838 el desenvolvimiento de vida social del país impulsa a Luz y Caballero a plantearse la magna tarea de formar conciencia sobre la creación de una filosofía “para sí”; es decir, para Cuba y los cubanos. Por esa razón, desde el estallido de la gran polémica rechaza la importación de doctrinas ajenas al ideal cultural varealiano y se proyecta por la creación de un pensamiento filosófico autóctono, porque considera que la filosofía es un producto histórico que en cada época adopta una forma y un contenido, en correspondencia con las demandas sociales.

Según Agramonte (1946), la intensidad de las publicaciones protagonizadas por Luz y Caballero en el Diario de la Habana, en las cuales se exponen significativas tesis sobre la inneidad de las ideas, el papel de la experiencia en el proceso del conocimiento, la ontología o las sensaciones, a continuación, concluye: “constituye un galardón para el periodismo de ese tiempo. También tras esas ideas sublatían intereses muy altos de la existencia cubana. Y aun se entreveraban factores económicos susceptibles de ser descubiertos por el materialismo histórico” (p. XX).  En otro párrafo del texto analizado, el autor explica que en el proceso de elaboración del proyecto filosófico lucista el maestro enfrenta “al grupo del Noticioso y Lucero. Al cabo probaría la sentencia fichteana: La clase de filosofía que se acepta depende de la clase de hombre que se es” (p. XX).

De acuerdo con Agramonte (1950), Luz y Caballero desea “que cada cubano sea un realizador. Quiere fundar una filosofía consignada a nuestra vida, relativa a nuestro tiempo” (p. XX). En otro segmento de ese mismo párrafo precisa: “Fué su desiderátum elaborar una sophia para Cuba que fuese tan sophia como la griega lo fué para los griegos, el idealismo para los germanos, el empirismo para los sajones, la sammkia para los hindúes” (p. XX). Por consiguiente, no acepta que en el trono del pensamiento social cubano reine una filosofía importada, en lo fundamental, muy especulativa y ajena a la realidad del país. Por esa causa, proclama que el estudio de la filosofía no debe ser considerado un fin en sí mismo, sino un medio para solucionar los problemas sociales.

Pérez (2012) considera que la filosofía lucista representa una revolución de pensamiento, porque introdujo en su gnoseología un principio activo penetra y direcciona “la relación sujeto-objeto; con ello eludía la postura de pasividad del sujeto (propia del empirismo y el sensualismo) al liberar al sujeto cognoscente de una relación de absoluta dependencia con respecto al objeto activo” (p. 275).

Por esa causa Agramonte (1946) legitima el proceso de formación filosófica en marcha, al reconocer que el pensamiento lucista discurre, ajustado a las demandas del ambiente social del país y el tiempo histórico. De esa manera, el gran maestro construye una filosofía no solo para Cuba, sino “para la vida concreta hispanoamericana, dando por descontado la multiplicidad de soluciones ante la circunstancia original hispanoamericana, que Luz y esos precursores forjaron por cuenta propia” (p. XIV). 

La intensidad de las controversias y el rigor impuesto a las discusiones, facilita el enriquecimiento teórico permanente del proceso de enseñanza de los contenidos filosóficos que se debaten en el convento de San Francisco. En la medida que el maestro cubano guía la enseñanza de la Filosofía cubana y publica sus resultados, impulsa con más fuerza su formación como sistema autónomo.

Para Luz y Caballero los conceptos son formas del pensamiento que reflejan la realidad en toda su variedad de fenómenos y procesos; por esa causa, como Hegel los concibe empapados de contenido. Pero, la simple expresión de las cosas mediante conceptos, no es, el filosofar en sí mismo que él busca; por consiguiente, es razonable el criterio expuesto por el investigador Pérez (2020) quien agrega: “Contraria al uso común de apresar la realidad en conceptos parciales, la filosofía no es una autocomplacencia con lo abstracto. Más bien, consiste en la ardua labor de determinar las abstracciones de esa cotidianidad de que somos parte” (p. 2). 

La formación de la filosofía propia que Luz y Caballero lidera entre 1838 y 1839 no encierra la realidad de su tiempo en conceptos reglados, sino que enuncia su cotidianidad mediante abstracciones de alto vuelo teórico, dirigidas a revelar las causas de los problemas sociales y determinar las vías para resolverlos. De esa forma, el quehacer social lucista deviene manera de expresar su pensar y reflejar en él lo que representa como educador y filósofo comprometido con la patria.

Conclusiones

El análisis de la trayectoria de los estudios de la filosofía en Cuba hasta su ascenso a la investigación de la formación y enseñanza de una filosofía autónoma entre 1838 a 1839, exige la presentación de pruebas suficientes que expliquen el carácter autóctono de ese nuevo pensar. Asimismo, es imprescindible que los investigadores demuestren cómo ocurre ese acontecimiento. Los resultados que se alcancen deben fundamentar aún más las dimensiones epistemológicas del nuevo filosofar, como respuesta a la necesidad de continuar enriqueciendo el estudio del proceso de formación de una filosofía propia por el gran maestro cubano Luz y Caballero.

La filosofía independiente que se forja en el pensamiento del maestro y sus compañeros de combate, primero como proyecto ideal y luego como resultado tangible, eclosiona en 1839, al calor de la Polémica filosófica y las clases desarrolladas en la cátedra de Filosofía del convento de San Francisco, que deviene escenario del enfrentamiento a la doctrina invasora y debate académico en el proceso de formación de una filosofía independiente. Durante la gran disputa, el maestro prioriza la enseñanza de los contenidos filosóficos que se publican mediante decenas de artículos, con los que él y sus compañeros de arma responden a sus opositores, a través de la prensa escrita.

Lo más grandioso del filosofar de Luz y Caballero es que, desde la patria y con el pleno conocimiento del pensamiento que le precede dentro y fuera de ella, determina con precisión las certezas esenciales sobre la dirección hacia dónde lo conduce el camino epistemológico que sigue, determinando sus límites y retos a vencer. De esa manera, adquiere conciencia de qué filosofía debía enseñar, conformar y divulgar para la Cuba de su tiempo.

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Conflicto de intereses

El autor declara que no existen conflictos de interés