Fundamentos teóricos y debate sobre la elaboración de un sistema filosófico por Luz y Caballero
Theorical foundations and debate on the elaboration of a fhilosophical system by Luz y Caballero
Fundamentos teóricos e debate sobre e elaboração de um sistema filosófico por Luz e Caballero
1Falconeri Lahera Martínez*, ORCID: https://orcid.org/0000-0002-9254-2485
1Universidad de Holguín. Cuba. ror: https://ror.org/03m84a908
*Autor para la correspondencia: falconerilm@uho.edu.cu
Resumen
El presente artículo descubre el desarrollo conceptual de Luz y Caballero en su análisis epistemológico del “espiritualismo embozado” de un ecléctico radicado en Matanzas que se da a conocer como el Suscriptor. El autor examina el despliegue de la vigorosa opugnación del gran educador a la estrecha comprensión del Suscriptor sobre el significado del concepto sistema en el ámbito de la ciencia, y de su incapacidad para comprender que una doctrina filosófica se eleva a la condición de sistema solo cuando es reflejo fiel de la naturaleza de los procesos que interpreta. Su comprensión de sistema enriquece la conceptualización que sirve de fundamento al proceso de formación de su filosofía independiente. En el debate sobre la sistematicidad de la filosofía del maestro prevalecen los resultados de investigaciones de autores que fundamentan el carácter sistémico de su filosofar y demuestran que el mismo constituye una nueva Filosofía para Cuba y los cubanos.
Palabras clave: Espiritualismo embozado; educación patriótica; jóvenes; materialismo; sistema filosófico
Abstract
This article explorer the conceptual development of Luz y Caballero in his epistemological analysis of the “veiled spiritualism” of an eclectic figure based in Matanzas who identifies himself the Suscriptor. The author examines the evolution of the vigorous opposition of the great educator to the great understanding of the Suscriber about the meaning of the concept system within the scope of science, and of his inability to understand that a philosophical doctrine rises to the condition of a single system when it is a faithful reflection of the naturalness of the processes it interprets. His understanding of the system enriches the conceptualization that serves as a foundation for the process of forming his independent philosophy. In the debate on the systematicity of the maestro's philosophy, the results of investigations by authors who substantiate the systemic character of his philosophy prevail and demonstrate that it itself constitutes a new philosophy for Cuba and Cubans.
Keywords: Veiled spiritualism; materialism; patriotic education; youths; fhilosofhical sistem
Resumo
O presente artigo descobre o desenvolvimento conceitual de Luz Caballero em sua análise epistemológica do “espiritualismo encarnado” de um eclético radicado em Matanzas que se dá a conhecer como o Suscritor. O autor examina o despliegue da vigorosa oposição do grande educador à ampla compreensão do Suscritor sobre o significado do conceito de sistema no âmbito da ciência, e de sua incapacidade de compreender que uma doutrina filosófica se eleva à condição de sistema apenas quando é reflexo fiel da naturalidade dos processos que interpreta. Sua compreensão do sistema enriquece a conceituação que se tornou a base do processo de formação de sua filosofia independente. No debate sobre a sistematidade da filosofia do maestro prevalecem os resultados das investigações de autores que fundamentam o caráter sistêmico de seu filósofo e demonstram que o mesmo constitui uma nova filosofia para Cuba e para os cubanos.
Palavras-chave: Espiritualismo velado; educação patriótica; jovens; materialismo; sistema filosófico
Introducción
Los resultados expuestos en este artículo forman parte de una investigación histórico-filosófica, dirigida al enriquecimiento de los conocimientos sobre la formación y enseñanza de una filosofía independiente en Cuba entre 1838 y 1840. El autor examina el despliegue conceptual que presenta Luz Caballero en su análisis epistemológico del “espiritualismo embozado” de un ecléctico radicado en Matanzas que se da a conocer como el Suscriptor. El artículo cumple el objetivo de analizar la refutación de Luz y Caballero a la defensa que a la teoría cousiniana de la conciliación de sistemas realiza el Suscriptor. Asimismo, examina la concepción lucista acerca de la estructura y papel epistemológico que desempeña un sistema en el desarrollo de una doctrina filosófica. Además, defiende las posiciones del empirismo materialista de John Locke (1632-1704) y rechaza las campañas de descrédito que propalan los espiritualistas en su contra. Como conclusión de esta publicación su autor analiza los fundamentos del debate teórico sobre la elaboración de un sistema filosófico por Luz y Caballero.
Materiales y métodos
La búsqueda científica desplegada en este artículo es resultado de la aplicación de los métodos más ajustados a las características del tema. En su elaboración se prioriza el procesamiento de las fuentes del conocimiento reunidas, mediante un exhaustivo análisis documental, que permite la generalización de la información, mediante los procedimientos lógicos del conocimiento científico: análisis-síntesis, inducción-deducción. El autor selecciona los materiales de trabajo, en correspondencia con las demandas del proceso investigativo y orienta la pesquisa hacia el cumplimiento del objetivo declarado.
Resultados y discusión
El 22 de diciembre de 1838 Luz y Caballero publica en el Diario de la Habana el articulo Aguinaldo de Fair-Play para el Señor Suscriptor al Plantel (En Matanzas). El trabajo está dirigido a esclarecer las confusiones divulgadas por Tanco Bosmeniel, quien desde un artículo publicado en la Aurora de Matanzas el 11 de diciembre de 1838 pretende inclinar la atención de la juventud a su favor y dar a conocer, sin ser identificado, las características fundamentales del eclecticismo espiritualista y su rechazo al sensualismo de John Locke (1632-1704).
Luz y Caballero enfrenta la explicación que ofrece el Suscriptor sobre el predominio del eclecticismo en el pensamiento filosófico moderno y combate su defensa a esa variante del cousinismo, presentándolo como un promotor incondicional de otra manera de manifestarse la doctrina invasora: el “espiritualismo embozado”. El maestro cubano, quien aún muestra reservas contra el materialismo por sus tradicionales vínculos con el ateísmo, declara que el Suscriptor confunde el sensualismo con el materialismo. También precisa que de la doctrina de la sensación no se deduce con exacta ilación lógica la negación de la existencia del alma y su inmortalidad. Además, deja claro, que fue el propio Suscriptor, quien al dar por sentado que el sensualismo conduce por línea recta al materialismo, desde un espiritualismo embozado, sustenta esa doctrina en vez de aniquilarla; por consiguiente, “[…] defiende que todo es sensación porque todo es materia u órganos materiales, y ése por consiguiente destruye o aniquila el dogma religioso del alma espiritual”. (Luz y Caballero, 1948a, p. 97). Según sus criterios, el sensualismo no sostiene que todo es sensación ni aniquila el dogma religioso del alma espiritual, por esa causa señala:
Lo único que afirma esta doctrina es que el punto de partida de todos nuestros conocimientos está en la experiencia; sin que por esto se pretenda un instante negar la actividad del alma. Cada cosa en su lugar, amigo mío: los objetos ofrecen los materiales, los sentidos sirven de vehículos, el alma es el agente que entiende y quiere. ¿Cómo se puede concebir la observación, o la experiencia (que es lo mismo para el caso) sin la concurrencia de todos esos elementos? (Luz y Caballero, 1948a, p. 97-98).
El filósofo cubano, alineado con el sensualismo lockeano, explica al Suscriptor que es imposible concebir la observación o la experiencia sin la concurrencia de los sentidos y la actividad del alma, con los cuales conforma una unidad para acceder al conocimiento. También esclarece, que las tergiversaciones y contradicciones de las diferentes variantes del espiritualismo son más notorias, que las que puedan encontrarse en el materialismo, por esa razón expresa:
No se me oculta que entre los partidarios de este sistema haya algunos materialistas, pero esto no prueba que el principio por sí conduzca forzosamente al materialismo, pues si de tal modo hubiese de juzgarse, son muchas más las aberraciones y contradicciones de las varias escuelas en que se divide el espiritualismo, como es muy fácil demostrarlo, sin que por ello se pueda decir que ciertos sistemas son lógicamente hijos legítimos de otros. (Luz y Caballero, 1948a, p. 100).
Con el desarrollo de su aguda crítica al Suscriptor el maestro comienza a descubrir sus propias coincidencias con el materialismo, y ello le permite comprender que el sistema de los idealistas, representados por los ecléctico-espiritualistas, es incomprensible porque sus promotores no admiten la interposición de los órganos, ni aceptan sus nexos y solo ven sus diferencias. Por consiguiente, no “(…) pueden explicar la unidad con la variedad, la unidad gobernando a la variedad, y ésta determinando a la unidad, sin el ministerio, sin la intervención de los órganos”. (Luz y Caballero, 1948b, p. 65). Por esa causa los declara: “¡Superficiales sempiternos!” (Luz y Caballero, 1948b, p. 65).
Desde ese posicionamiento teórico el maestro despliega una vigorosa opugnación a la estrecha comprensión del Suscriptor sobre el significado del concepto sistema en el ámbito de la ciencia, y de su incapacidad para comprender que una doctrina filosófica se eleva a la condición de sistema solo cuando es reflejo fiel de la naturaleza de los procesos que interpreta. Para poner al descubierto las confusiones teóricas de ese personaje, el maestro comenta el siguiente fragmento del artículo que publica el ecléctico en Matanzas:
Dice Ud. más adelante: “Que cada escuela ha expuesto sus razones, sus pruebas, en cuanto son posibles las pruebas en la mayor parte de las cuestiones metafísicas; en una palabra, cada escuela ha creído y cree firmemente que está en posesión exclusiva de la verdad, y juzga a la contraria en posesión de una parte de error”. (Luz y Caballero, 1948a, p. 100).
Luz y Caballero rechaza la anarquía que prevalece en la teorización que ofrece el Suscriptor sobre el tema en discusión. En este sentido, refuta su defensa a la teoría cousiniana de la conciliación de sistemas y declara improcedentes sus argumentos; por esa causa, considera que la definición que el ecléctico propone en su artículo sobre sistema filosófico, es un ejemplo de arbitrariedad en la explicación de un proceso teórico, al respecto planta que en el mismo solo hay palabras y nada más que palabras:
En vano, pues, alegará Ud. “que un sistema y un sistema metafísico no es otra cosa que opiniones o hipótesis de los hombres, que hoy viven y mañana mueren, y que las que no mueren se quedan toda la vida (¡con vida!) en dudas la mayor parte”. (Luz y Caballero, 1948a, p. 100).
Como el Suscriptor no puede explicar con objetividad el papel epistemológico que desempeña en el desarrollo de una doctrina filosófica su estructuración sistematizada, desconoce el carácter integrado que el pensamiento filosófico de su tiempo atribuye a los componentes de un sistema. Asimismo, desecha el reconocimiento de la visión de conjunto que debe guiar la elaboración de un sistema filosófico y rechaza la admisión de que sus partes se relacionen, conecten y enlacen entre sí. Como respuesta, el maestro cubano presenta una definición opuesta a la improcedente concepción cousiniana que defiende el Suscriptor. Para el maestro, en un sistema filosófico sus componentes deben expresar una unidad coherente de interacciones, cuya estructura conceptual refleje el devenir de la naturaleza y la sociedad, regida por una ley que regularice el cumplimiento de sus funciones teóricas y metodológicas, por esa razón explica:
Pues que por sistema se entiende cualquier cuerpo de doctrinas verdaderas o falsas, o bien una sola idea fundamental que constituye toda una doctrina, o bien las doctrinas ya examinadas y depuradas y por lo mismo tenidas por verdades o elevadas al rango de ley de la naturaleza. (Luz y Caballero, 1948a, pp. 100-101).
En Luz y Caballero, la comprensión del concepto ley de la naturaleza parte de la asunción crítica de los sustentos que Emmanuel Kant (1724-1804) expone en su Crítica de la razón Pura, para quien la ley natural expresa una racionalidad, que, en la naturaleza como fenómeno, introduce el entendimiento para interpretarla. Asimismo, resume los mejores valores del empirismo moderno, que considera la ley natural como relación constante entre los fenómenos, de la cual deduce sus relaciones causales. El maestro, con un criterio propio y muy dinámico, considera que el caudal de conocimientos de las ciencias cumple el requisito de elevar las verdades que contienen al rango de ley de la naturaleza, porque bajo cualquier condición todo sistema es una síntesis de la historia de las leyes de la naturaleza. El maestro, a diferencia de los empiristas modernos, reconoce que la ley de la naturaleza conduce a la asunción de la ciencia como sistema de saberes en sus nexos y relaciones reciprocas, descubriendo, al mismo tiempo, las propiedades, características y cualidades que envuelven los cambios que se generan desde la propia naturaleza de los objetos y fenómenos. “En este sentido se dice que el sistema astronómico de Newton es el verdadero, o sea la historia de las leyes de la naturaleza, al paso que el de Cartesio es el falso, o sea, una novela de su ingenio”. (Luz y Caballero, 1948a, p. 101).
Desde esa base teórica, el maestro concluye que sin sistema no hay filosofía y luego enriquece su definición con la siguiente afirmación: “[…] todo sistema o toda nueva filosofía es en cierto modo obra de circunstancias, si se atiende muy especialmente a que éstas son las causas ocasionales que producen todos esos diversos movimientos en la ciencia que llamamos sistemas”. (Luz y Caballero, 1948b, p. 28). A continuación, revela el interés de Cousin de ridiculizar el sistema filosófico de Locke, acusándolo de sistemático y de aferrarse a dos principios básicos: “todas las ideas provienen de los sentidos con el entendimiento” y “no hay ideas innatas”. Como arma de ataque, explica que Cousin “[…] apela al gastado reporte de pintar de materialistas a los verdaderos investigadores, o al menos, de temibles sus doctrinas, por conducir a tan funesto resultado”. (Luz y Caballero, 1948b, p. 29).
La comprensión lucista de sistema enriquece la conceptualización que sirve de fundamento al proceso de formación de su filosofía independiente, aporta un nuevo ingrediente teórico a su enseñanza y contribuye a proyectar la elaboración de su doctrina como autoconciencia de la sociedad cubana que nace. Además, le permite, interpretar el devenir filosófico de su época como un reflejo de las contradicciones emanadas de la oposición entre sistemas opuestos, que fundamentan las concepciones encontradas del sensualismo y el espiritualismo, al respecto precisa:
Por mucho tiempo ha luchado el sensualismo con el espiritualismo, quedando al cabo la palma de la victoria al primero, único, sí, exclusivo, que explica todos los fenómenos de la inteligencia. Ya han pasado las pruebas de uno y otro por el crisol del examen, y el primero se ha llevado la sanción de la experiencia. (Luz y Caballero, 1948, p. 101).
Según el maestro, la batalla de los sistemas filosóficos que sustentan las posiciones de la ciencia es histórica. En esa cruzada, los representantes de la ciencia vencen de modo inobjetable a sus contrarios, a pesar de que aquellos cuenten con el apoyo de “doctos escritores”, que justifican sus desaciertos. Según sus criterios, la defensa por Galileo Galilei de las verdades de su sistema científico, también pasaron por el trámite del rechazo de encarnizados opositores, que lo presionaron para que él se retractara de sus propios resultados, arrancándole también aquel desgarrador ¡pero se mueve! “¿Eran o no un sistema las opiniones de Galileo? ¿Se han sepultado o han salido triunfantes del choque de la discusión y de los embates del tiempo? ¿Es ésta la suerte del espiritualismo? (Luz y Caballero, 1948a, p. 102).
Mediante la metafísica es posible marchar por el camino que conduce a la religión y tratar algunos asuntos de la teología. Asimismo, expresa que tanto con el sensualismo como con el espiritualismo es posible atacar o defender la religión, así como sin ninguna de esas doctrinas. Desde ese posicionamiento, aclara al Suscriptor “[…] que si se apura la cuestión ya verá en su oportunidad que hay más y más chocantes herejías en su predilecto espiritualismo, que, en ese sensualismo tan calumniado, tan acusado de irreligión […]”. (Luz y Caballero, 1948a, p. 103).
Con plena conciencia de que el Suscriptor pretende ganarse adeptos en otros centros culturales fuera de Matanzas y La Habana, para impresionar al público joven, el maestro advierte que no podrá deslumbrar a nadie con su argumento de que no sabe si en La Habana hay un colegio con su cátedra y en ella “(…) un catedrático (vamos, que es cosa de gusto) y en el catedrático una doctrina (no hay duda le da el naipe al suscriptor) que plante en el corazón la semilla de la incredulidad, etcétera. ¡Qué inocencia!”. (Luz y Caballero, 1948a, p. 104).
Luz y Caballero descubre que el espiritualista cumple con el plan de expansión del eclecticismo y de descrédito contra la educación patriótica y científica de los jóvenes. Por esa causa, responde al ecléctico que la cátedra de Filosofía del convento de San Francisco la representa un catedrático y una doctrina filosófica autónoma, que responde a los intereses nacionales que se consolidan como patrimonio espiritual de los ciudadanos, que de manera gradual se sienten cada vez más cubanos; por consiguiente, la doctrina filosófica que se desarrolla es por antonomasia muy cubana y está sustentada en los más elevados valores de la creación filosófica universal. Desde esa base teórica, muy cercana a un posicionamiento identitario, el maestro declara que los exagerados desconciertos teóricos del Suscriptor, más que levantar sospechas por la credibilidad de su crítica al artículo referido, lo que intenta es vilipendiar el sensualismo y maldecir a Locke, por esa causa expresa las siguientes consideraciones:
1.- Falso que todos los metafísicos de la escuela de Locke, consecuente o inconsecuente con su sistema hayan destruido la existencia del alma. […] 2.- Aun los que de entre ellos han negado la existencia del alma, no lo han hecho como consecuencia de su sistema y aquí tiene Ud. otro problemita: pues trabajo le ha de costar el deducir tan espantosa consecuencia del inocentísimo fundamento de Locke: a saber, las ideas se adquieren por la razón con el intermedio de los sentidos no estando grabadas de antemano en nuestro entendimiento: o en otros términos, “las facultades son innatas, pero no las ideas”. 3.- Aun el mismo Locke al insinuar que Dios en su omnipotencia podría hacer a la materia cogitante se aparta del espíritu y de la letra de su sistema, y lo hace cuando acometiendo la cuestión de la naturaleza del alma, y acordándose de uno de los atributos de la Divinidad, dice que no sería imposible a Dios hacer a la materia cogitante. (Luz y Caballero, 1948a, pp. 105-106).
La visión lucista de sistema rompe con la tradición, porque el maestro la formula en calidad de soporte estructural de la filosofía que de manera simultánea crea, al enseñarla en su cátedra y desarrollarla en sus debates y publicaciones. El todo teórico que emerge, constituye un medio para expresar la armonía de sus componentes, incluido el método que se esboza en el Elenco de 1835, fundamenta en las publicaciones de mayo de 1838 al mes de abril de 1839, enriquece en el Elenco de 1839 y refuerza en el Elenco de 1840, para proporcionar unidad a un sistema filosófico para Cuba y los cubanos. En el artículo que se analiza Luz y Caballero determina con objetividad y total transparencia, que la tarea sociopolítica fundamental de la filosofía autóctona que se desarrolla y enseña, es combatir la doctrina invasora hasta las últimas consecuencias, por esa causa precisa:
Yo le hago la guerra al espiritualismo, o sea pseudoeclecticismo, en su propio terreno y con sus propias armas; yo le acepto el combate do quiera y como quiera presentarlo, sea en el vasto campo de la naturaleza, o en el estrecho recinto del castillejo en que se cree fortificado. (Luz y Caballero, 1948a, p. 107).
El artículo concluye con cuatro bloques de posicionamientos teóricos, dirigidos a determinar el campo de acción de su crítica al espiritualismo embozado del Suscriptor y al eclecticismo en general. En el primer bloque expone los siguientes postulados:
Yo le demostraré que la historia de las ciencias es un libro cerrado para él; yo le demostraré que la historia de la humanidad tampoco le está más abierta; yo le demostraré que lejos de cumplir su palabra celebrando ese prometido tratado de paz entre las ciencias, es él quien más en abierta guerra las pone entre sí; yo le demostraré que él es el exclusivo, y el inconsecuente, y el sistemático que quiere violentar la naturaleza a sus caprichos; yo le demostraré que él es quien destroza y mutila al hombre, y a la ciencia del hombre: yo le demostraré que él es quien trata de apartaros de la senda segura, única, concedida a los frágiles mortales para hallar la verdad, la vivificante observación, tratando de hacerla sucumbir a la indigesta erudición. (Luz y Caballero, 1948a, p. 108).
Luz y Cabalero revela la ignorancia del ecléctico sobre la historia de las ciencias y descubre su errónea interpretación de los fenómenos sociales, que se manifiesta en su desacertada concepción acerca de la historia de la humanidad. El último pronunciamiento del maestro posee un gran valor metodológico, porque indica la necesidad de fundamentar el método de la observación que se aplica en las ciencias para estudiar la naturaleza y la sociedad, como sustento de la investigación científica y el recurso teórico más efectivo en el combate contra el método de la observación interior del eclecticismo espiritualista.
El segundo bloque contiene dos tesis: A) “Yo le demostraré que sin la sensación no puede haber responsabilidad ni conciencia”. (Luz y Caballero, 1948a, p. 108). B) “Yo le demostraré que la sensación es el vínculo universal que liga a toda la humanidad”. (Luz y Caballero, 1948a, p. 108). En la primera tesis, desde un sustento gnoseológico y ético Luz y Caballero reafirma la base sensorial de la moral y el espíritu humano, y presenta la sensación como el eslabón sensible que conecta a todos los miembros de la sociedad. Esta tesis constituye el centro teórico de su batalla crítica contra la moral del interés individual de los hermanos González del Valle, quienes intentan demostrar que la conducta humana se rige por una moral abstracta, que se asienta en los intereses individuales y los beneficios personales. Desde esa base teórica vincula sus posiciones antropológicas a su doctrina moral, al defender la idea de que el hombre social como ser cognoscente, se educa a partir de principios morales, que se sustentan en el deber, la justicia y la responsabilidad para formar, desde la niñez, una conciencia individual como esencia de la moral universal. Esa educación moral se trasmite en los niños y jóvenes mediante el ejemplo de la familia y los maestros, y se asienta en la variada actividad empírica resultante de la observación cotidiana de cuanto hace y cómo hacen las personas que actúan como modelo de conducta. En la escuela la educación moral sigue el camino senso-racional que impone el proceso cognoscitivo; es decir, el alumno aprende, observando, analizando y comparando. Por esa causa, la formación de la responsabilidad y la conciencia del deber, es tan sensorial como racional, pero el punto de partida es la sensación.
En la segunda tesis parte de admitir el conocimiento como un proceso universal inherente al género humano, de aprehensión sensorial y de elaboración racional de la información sensible que llega a través de los órganos sensoriales. Por consiguiente, concluye la siguiente consideración de carácter hipotético: si el conocimiento tiene su punto de partida en las sensaciones, estas constituyen el vínculo universal que liga a toda la humanidad. En el tercer bloque enriquece su nueva concepción teológica, vinculándola a su visión antropológica para presentar el hombre como sujeto de fe, que reconoce el profundo carácter divino y humano de la religión. Desde esa perspectiva, explica cómo la naturaleza muestra al hombre el camino para acercarse a Dios:
Yo le demostraré que la religión santa, purísima, divina a fuerza de ser humana, y humana a fuerza de ser divina, la religión del hijo de María, la religión sublime del Evangelio (de ese libro único en su línea, tan propio para los sabios y prudentes como para los párvulos e ignorantes); esa religión, sí, es una montaña inaccesible para los llamados espiritualistas, si quieren ser consecuentes a sus principios: yo les demostraré que por la naturaleza vamos en derechura a su creador: yo les demostraré que los cultivadores de la naturaleza han de ser forzosa y eminentemente religiosos. (Luz y Caballero, 1948a, p. 108).
En el último bloque del artículo el maestro declara: “[…] la filosofía más que en los labios está en el corazón”. (Luz y Caballero, 1948a, p. 108). En esta tesis el maestro sustenta el profundo carácter social y humano del sistema autóctono que se forma y enseña en la cátedra de Filosofía del convento de San Francisco. También, hace dos llamados a los eclécticos de profundo valor epistemológico. El primero indica su ruptura definitiva con las campañas de descrédito contra el materialismo, como doctrina filosófica dañina al espíritu humano. A partir de ese momento inicia un proceso de análisis crítico de sus coincidencias teóricas y metodológicas con la misma, al respecto expone: “Cesen, pues, los pseudoeclécticos de venir con el espantajo de materialismo para espantarnos de la investigación”. (Luz y Caballero, 1948a, p. 108). El segundo llamado del maestro expresa la necesidad de asumir el postulado vareliano sobre la unidad de la ciencia y la religión como una dimensión esencial de su nueva teología, por esa razón plantea: “Cesen de poner en guerra a la ciencia con la religión, con mengua y detrimento de una y otra”. (Luz y Caballero, 1948a, pp. 108-109).
En sus estudios sobre personalidades trascendentes del siglo XIX cubano, Armando Hart ofrece una dimensión cultural desde la cual es posible descubrir la grandeza del pensamiento teológico de Luz y Caballero: “En el ideal cultural de dignidad humana y en el sentimiento ecuménico de Luz conviven los valores cristianos que alimentan sus conceptos de patria y Libertad”. (Hart, 2023, p. 1). De acuerdo con sus criterios, cuando el maestro fundamenta la tesis acerca de Dios como facultad de cada hombre abre un nuevo sendero “[…] en el pensamiento cubano, en el que se asumían los principios éticos y espirituales provenientes de la tradición del hombre que murió en la cruz. Estas lecciones lucistas posibilitaron el rechazo a una estrecha visión dogmática”. (Hart, 2023, p. 4).
En otra publicación este destacado intelectual considera, que fueron los educadores, el independentista “Félix Varela y José de la Luz y Caballero, fundador de la escuela cubana, quienes incorporaron como elementos forjadores de la nación los principios éticos, morales y espirituales que nos venían de la mejor tradición del cristianismo”. (Hart, 2004, p. 15).
La importancia que Luz y Caballero atribuye al esclarecimiento de los fundamentos epistémicos del concepto sistema, lo conduce a desaprobar la definición del Suscriptor, porque en ella solo encuentra palabras y nada más que palabras. De ese modo, revela que el ecléctico no comprende que ese término nace junto a la propia filosofía, para designar “armonía”, “todo”, “unidad”, etc. “No obstante, el primer contenido concreto lo adquiere en la Época Moderna, cuando la ciencia consiguió aislar una forma determinada de movimiento, la mecánica”. (Orudzhev, 1973, p. 29).
El sistema filosófico que emerge en Cuba, bajo el liderazgo de Luz y Caballero, rompe con el extremo carácter especulativo y el esquema cerrado de los sistemas que brillan en la filosofía idealista alemana, y a diferencia de ella, le imprime un carácter abierto a su propuesta, con el propósito de enriquecer su estructura y contenido de manera permanente. La nueva concepción filosófica que nace en forma de sistema, no fluye diluida en su producción literaria, política o social, sino que se alza sobre ellas, y desde sus propios conceptos analiza y expone su contenido, tanto en el discurso oral como escrito. Desde esa perspectiva, el maestro desarrolla la enseñanza de la filosofía en el convento de San Francisco, debatiendo sus temas de estudio y publicando sus resultados, y utilizándolos como arma de combate contra las posiciones de sus adversarios ideológicos, en los marcos de la Polémica filosófica.
Por consiguiente, Luz y Caballero trabaja con intensidad desde el 12 de mayo hasta el 19 de julio de 1840, en función de desarrollar una doctrina filosófica independiente, incluyendo en ella, como lo hizo Hegel en Alemania algo más de dos décadas antes, el recurso de un método científico, para interpretar con fidelidad el mundo y responder a las necesidades más apremiantes de la sociedad. El sistema filosófico que se forma en Cuba sintetiza los saberes que, sobre Ética, Estética, Lógica, Metodología, Historia de la filosofía, Historia de las ciencias, Economía y Teología, el gran maestro defiende en sus debates, argumenta en sus publicaciones y enseña en la cátedra de Filosofía del convento de San Francisco.
La idea de crear un sistema filosófico autónomo tiene su génesis en la apertura del curso de Filosofía que el maestro desarrolla en el Colegio de San Cristóbal en 1834, pero fue delineada con más precisión en el Elenco de 1835, en el cual define con total nitidez su carácter empirista, matizado con un indiscutible enfoque dialéctico, al afirmar la experiencia como el punto de partida del conocimiento, rechazar el innatismo, negar el apriorismo y proclamar el carácter sintético-analítico-experimental del saber humano. En ese elenco también presenta un avance del sistema conceptual de la doctrina filosófica que vislumbra y determina con precisión que ella ha de estar conducida por un método, porque “[…] sin método no hay filosofía”. (José de la Luz y Caballero, 1950, p. 91). En otra nota del mismo elenco establece la importancia epistemológica del método y su condición de alma filosófica: “Sin embargo, con sólo el método ni se discurre bien ni se hacen descubrimientos; pero sin él aun los buenos pensadores se pueden extraviar fácilmente, y dejar por descubrir mucho que habría quedado descubierto”. (Luz y Caballero, 1950, p. 91).
Los estudiosos del pensamiento de Luz y Caballero, desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, han emitido criterios encontrados acerca de la sistematicidad de su concepción filosófica. En este sentido Manuel Sanguily, reconoce los esfuerzos del gran maestro por formular una nueva filosofía. (1962, pp. 86-87). Por su parte, Medardo Vitier, en 1938 presenta un estudio acerca del pensamiento filosófico de Luz y Caballero, en el cual expone puntos de vista que han sido interpretados de diversas maneras por diferentes estudiosos posteriores. De acuerdo con el notable investigador, la vocación filosófica lucista es incuestionable. Pero, considera que su doctrina se elabora de forma desordenada y ocasional, por eso emite un categórico dictamen: “Nunca se puso a escribir un texto filosófico de contenido y plan armónico”. (1970, p. 210). Sin embargo, Roberto Agramonte, de manera brillante fundamenta con suficientes argumentos su opinión opuesta:
Cada filosofía –dirían por boca de Luz– debe saber «contar su propio cuento». Es que saben ellos que cada sistema temporal es una realidad, pero a la vez –paradójicamente– una evanescente ilusión. Saben alinear los sistemas de ideas en un proceso histórico de corrección y de rectificación, para iluminar la conciencia metafísica, cuya verdad nadie se puede arrogar para sí, para verla con «el ojo de Dios» de que hablaba el psicólogo Schubert, epígono de Schelling, anotado por Luz. De esta matriz parte la autenticidad de la filosofía cubana, alojada en sus propios marcos históricos, una filosofía de valor funcional, vital. No querrá por ello Luz Caballero para nosotros una filosofía de Grecia, o de Escocia, o de Alemania; que «bueno es saber cómo otros piensan, pero mejor es pensar uno mismo». Su ideal fue lograr para nosotros ese saber propio, ese saber de salvación. (Agramonte y Pichardo, 1948, p. 2).
Un numeroso grupo de investigadores que reconocen la grandeza del pensamiento filosófico del maestro cubano, niegan de diferentes formas, su condición de sistema. Entre esas personalidades sobresale Rafael García Bárcenas, quien sostiene que, aunque aquel intenta elaborar un sistema filosófico, no logra su propósito, porque “[…] las circunstancias que rodearon su vida frustraron la elaboración de un sistema filosófico cerrado, de una síntesis ideal de pensamiento que siempre alentara en el secreto de su corazón”. (García, 1962, p. XVIII). Oleg Ternevoi, quien adopta una posición moderada ante el tema que se discute, expone: “De la Luz no escribió un curso sistemático de filosofía. Consideraba que las Lecciones de filosofía de su maestro no sólo eran aplicables (con ciertas precisiones y adiciones), sino que constituían el mejor manual en español de esa disciplina”. (Ternevoi, 1981, p. 194).
La investigadora Zaira Rodríguez declara en 1988 que Luz y Caballero no elabora de forma sistemática su doctrina filosófica porque siente recelo hacia la construcción de sistemas. Para fundamentar esa tesis cita palabras del propio maestro, expuestas en una de sus notas, que se recogen en el texto Aforismos y Anotaciones: “[…] todos los sistemas y ningún sistema, he ahí el sistema” no ha sido óbice para que la crítica y la historiografía filosófica vea frustrado su empeño de ofrecer una visión integral, coherente y objetiva de su concepción filosófica del mundo. (Rodríguez, 1988, p. 127).
Por su parte, el articulista Alexis Pérez Ferrer, en una publicación del año 2012, sustenta que Luz y Caballero no elabora un sistema filosófico similar al de Varela para enfrentar el eclecticismo, “[…] porque representaría el riesgo de caducar ante la permanente interrogante que se abría frente a los cubanos, sobre el futuro de la Isla, en pleno presente convulso e inestable. (Pérez, p. 277). La explicación que ofrece este autor, se suma a quienes niegan la elaboración por Luz y Caballero de un sistema filosófico autónomo, y exigen un análisis que esclarezca esta situación, porque su consideración se basa en el siguiente argumento: “Fue esta una de las razones por la que su filosofar lleva por máxima la de todos los sistemas y ningún sistema, como único sistema posible”. (p. 277).
Las palabras de Luz y Caballero citadas para justificar la imposibilidad de la elaboración de un sistema filosófico propio por parte del gran maestro cubano, no fueron expuestas en el contexto de la Polémica filosófica, en cuya plataforma teórica desarrolla su sistema independiente. El maestro elabora esa nota en una fecha no precisada, y tiene como propósito epistemológico la exposición de las causas sociales que justifican la exactitud de la medicina, concebida como un sistema de conocimientos de las ciencias, cuyos dictámenes se basan, en gran medida, en procesos inductivos como ocurre en otras ciencias. En la nota el gran educador expresa sus criterios acerca del método que deben seguir los médicos para tratar y diagnosticar sus pacientes, y luego, en uno de los párrafos finales asevera: “Todos los sistemas y ningún sistema: he ahí el sistema. Más fuerzas se necesitan para resistir a los dadores de remedios, que para combatir los mismos males”. (Luz y Caballero, José de la, 1962, p. 381).
La investigadora Rita María Buch, explica que el espíritu electivo que Luz y Caballero, recibe de Agustín Caballero, le permite elegir lo mejor de todos los sistemas, sin adscribirse a ninguno de ellos. Asimismo, reconoce el valor del espíritu electivo que se desprende de la máxima analizada por otros autores: “En este mismo espíritu electivista, Luz expresaría de manera brillante en sus conocidos Aforismos: Todos los sistemas y ningún sistema: ¡He ahí el sistema!”. (Buch, 2013, p. 8). Esta posición de la investigadora cubana conduce a considerar que en el terreno de las ciencias es recomendable tener en cuenta todos los sistemas, sin adscribirse a ninguno, como condición para elaborar un sistema propio. Por su parte, la articulista Lázara Anaís Granado Guerra, expone que Luz y Caballero “[…] develó el método de hacer ciencia para crear conciencia y un sistema teórico”. (Granado, 2013, p. 4).
Como expresión de un estudio puntual del discurso lucista sobre la construcción de sistemas filosóficos, el investigador Pablo Guadarrama, en 1986, descarta toda posibilidad de aceptar que el gran educador elaborara un sistema filosófico. Sin embargo, en una publicación del 2009, aporta un criterio que revaloriza la comprensión del significado que Luz y Caballero otorga al concepto sistema filosófico y la necesidad de enfrentar el intento de cerrar el paso al desarrollo del pensamiento cubano por parte de los promotores del cousinismo: “Crítico de cualquier tipo de apriorismo y de sistemas metafísicos que le impusieran al hombre una camisa de fuerza para interactuar con el mundo, Luz inculcaba confianza para que las nuevas generaciones se plantearan tareas desalienadoras más audaces”. (Guadarrama, p. 63).
Del mismo modo, la investigadora Alicia Conde en una publicación del año 2009, explica el propósito epistemológico que fundamenta el discurso lucista sobre la construcción de sistemas filosóficos. Ese análisis le permite descubrir por qué al plan de imponer en Cuba el sistema filosófico cousiniano Luz y Caballero responde con la creación de una concepción filosófica de nuevo tipo. Por eso plantea, que Cousin estructura una filosofía con el nombre de eclecticismo, pero loa que importaba era “[…] desentrañar el verdadero sentido del concepto y hacia quiénes estaba dirigida esta “nueva filosofía”, proclamada como sistema de la época”. (Conde, 2009, p. 8).
Aunque algunos investigadores niegan la elaboración por Luz y Caballero de un sistema filosófico autónomo, el estudio pormenorizado de su pensamiento y acción indica lo opuesto. Por esa causa, en sus publicaciones critica, con discernimiento la justificación de la presentación que hace Cousin de su sistema filosófico como un resultado exitoso de la conciliación de diversas doctrinas.
El enriquecimiento teórico del sistema filosófico que el maestro desarrolla entre 1838 y 1840, ie permite construir una doctrina que discurre por una ruta de análisis crítico, en la cual enfoca cada tema en discusión según sea su naturaleza epistémica. Por esa causa, en sus respuestas a los representantes del eclecticismo se apoya en enfoques gnoseológicos, ontológicos, metodológicos, éticos, estéticos, teológicos, históricos, lógicos, sociales, humanistas, jurídicos, antropológicos, patrióticos y políticos. Esos enfoques conducen su debate, en la medida que las especificidades teóricas o metodológicas del tema que se discute lo exige, y en correspondencia con las demandas de la estrategia de impugnación que aplica de forma diferenciada a cada uno de los oponentes que enfrenta en la Polémica filosófica.
El despliegue conceptual resultante de ese intenso debate nutre la teorización que conforma el sistema lucista y proyecta ese pensar como la nueva epistemología que promueve el progreso filosófico en el país. Por esa causa, la filosofía independiente que se desarrolla, conduce a la intelectualidad cubana comprometida con la patria a reflexionar sobre la necesidad de cambiar la realidad social del país y llevar adelante las luchas por la independencia de Cuba.
Conclusiones
Luz y Caballero, al impugnar el eclecticismo espiritualista de Cousin, no solo penetra su estructura interna y desmonta su entramado especulativo, sino que rectifica los significados de los términos que lo conforman, reconfigura su aplicación y enriquece su contenido, concepto por concepto y tesis por tesis, para alcanzar una impugnación concluyente de esa doctrina filosófica, y demostrar su imposibilidad como sistema filosófico coherente y racional. Al mismo tiempo, desarrolla la conceptualización que da cuerpo teórico a su sistema filosófico.
La publicación en la que el maestro fundamenta su visión de sistema filosófico integrado, trasciende porque en ella inicia su ruptura definitiva con las campañas de descrédito contra el materialismo, como doctrina filosófica dañina al espíritu humano. A partir de ese momento emprende un proceso de análisis crítico de sus coincidencias teóricas y metodológicas con el mismo.
Entre los pilares teóricos desde los cuales Luz y Caballero inicia la impugnación al eclecticismo espiritualista, sobresale su refutación a los argumentos del Suscriptor sobre el predominio del eclecticismo en el pensamiento moderno. En ese enfrentamiento, el maestro rechaza la defensa que a la teoría cousiniana de la conciliación de sistemas realiza el Suscriptor en Matanzas. También, declara improcedente su visión de sistema filosófico y considera que la definición de ese ecléctico es un ejemplo de arbitrariedad en la explicación de un proceso teórico. Además, descubre cómo el ecléctico no logra comprender que la elaboración de un sistema filosófico debe estar guiado por una coherente visión de conjunto, y rechaza su negativa a aceptar que sus partes se relacionen, conecten y enlacen entre sí. Asimismo, esclarece que el sensualismo lockeano no niega la existencia del alma ni su inmortalidad y argumenta la imposibilidad de concebir la experiencia sin la concurrencia de los sentidos y la actividad del alma, con los cuales conforma una unidad para acceder al conocimiento. También advierte, que las tergiversaciones y contradicciones de las diferentes variantes del espiritualismo son más notorias, que las que puedan encontrarse en el materialismo.
En el debate sobre la sistematicidad de la filosofía de Luz y Caballero prevalecen los resultados de investigaciones relevantes de autores que fundamentan el carácter sistémico del filosofar lucista y demuestran que el mismo constituye una nueva Filosofía para Cuba y los cubanos.
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Conflicto de intereses
El autor declara que no existen conflictos de interés