El Estado-Nación en la visión filosófica-educativa de Alberto Lamar Schweyer
The Nation-State in the philosophical-educational vision of Alberto Lamar Schweye
El Estado-Nación na visão filosófica-educativa de Alberto Lamar Schweyer
1Leidiedis Góngora Cruz, ORCID: https://orcid.org/0000-0002-5870-1606, lgongora@uho.edu.cu
1Paul Sarmiento Blanco, ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4022-8486, psarmiento@uho.edu.cu
2Alejandro Torres Gómez de Cádiz Hernández*, ORCID: https://orcid.org/0000-0003-1543-4883
1Universidad de Holguín. Cuba. Licenciada en Historia. Profesora Auxiliar. Ror: https://ror.org/03m84a908
2Delegación Provincial del CITMA, Holguín, Cuba. Profesor Titular. Ror: https://ror.org/02xqrgv78
*Autor para la correspondencia: atorres@uho.edu.cu
Resumen
El presente artículo aborda la problemática Estado-Nación en la visión filosófica-educativa de Alberto Lamar Schweyer (1902-1941), uno de los más distinguidos intelectuales cubanos en la primera mitad del siglo XX. El artículo revela las potencialidades didácticas y filosóficas del concepto libertad en el ideal constructivo del Estado-nación y su uso como material bibliográfico para diferentes materias que se imparten en la universidad. El objetivo del artículo es valorar el proceso de enriquecimiento y sistematización del constructo del Estado-nación cubanos a través del pensamiento de Lamar Schweyer. Asimismo, devela algunas de las contribuciones teórico-metodológicas que apuntalan la formación del pensamiento filosófico cubano en las décadas del veinte y treinta del siglo XX, a través del análisis del contexto histórico y cultural de la sociedad republicana.
Palabras clave: Estado; nación; libertad; pensamiento; filosofía
Abstract
This article addresses the Nation-State problem from the philosophical-educational vision of Alberto Lamar Schweyer (1902-1941), one of the most distinguished Cuban intellectuals in the first half of the 20th century. The article reveals the didactic and philosophical potential of the concept of freedom in the constructive ideal of the Nation-State and its use as bibliographic material for different subjects taught at the university. The objective of the article is to assess the process of enrichment and systematization of the construct of the Cuban Nation-State through the thought of Lamar Schweyer. It also reveals some of the theoretical-methodological contributions that underpin the formation of Cuban philosophical thought in the twenties and thirties of the twentieth century, through the analysis of the historical and cultural context of republican society.
Key words: State; nation; freedom; thought; philosophy
Resumo
Este artigo aborda o problema do Estado-Nação a partir da visão filosófico-educacional de Alberto Lamar Schweyer (1902-1941), um dos mais destacados intelectuais cubanos da primeira metade do século XX. O artigo revela o potencial didático e filosófico do conceito de liberdade no ideal construtivo do Estado-nação e sua utilização como material bibliográfico para diferentes disciplinas ministradas na universidade. O objetivo do artigo é avaliar o processo de enriquecimento e sistematização da construção do Estado-nação cubano através do pensamento de Lamar Schweyer. Também revela algumas das contribuições teórico-metodológicas que sustentam a formação do pensamento filosófico cubano nas décadas de 20 e 30 do século XX, por meio da análise do contexto histórico e cultural da sociedade republicana.
Palavras-chave: Estado; nação; liberdade; pensamento; filosofia
Introducción
Con este artículo, los autores contribuyen al estudio del pensamiento filosófico y educativo cubano en las primeras décadas del siglo XX. El mismo expone las explicaciones que sustentan el posicionamiento filosófico y educativo de Alberto Lamar Schweyer (1902-1941) acerca de algunas categorías como la inmigración, la nacionalidad, la república como entes mediadores en el constructo ideológico del Estado-Nación en el periodo objeto de estudio.
En la dimensión teórica, se hizo necesario abordar la problemática de la relación Estado-Nación. Sobre estas concepciones existen, en las últimas décadas diversas corrientes y perspectivas de análisis que abundan en la complejidad del tema. Se definen como la circunscripción y asignación del territorio nacional, vinculado a la geopolítica y la existencia de las fronteras lineales, y por lo tanto en estos fundamentos teóricos la relación Estado-nación constituye un modelo de aproximación y sumersión del espacio socio-histórico y político que corresponde. (Zúñiga, 1993, p. 140)
De esta forma, Estado-Nación es un concepto que surge como resultado de un proceso vinculado a las civilizaciones históricas, puestas en tela de juicio esencialmente, a partir de las guerras mundiales ocurridas durante el siglo XX. A partir de ahí, se abrió una senda de meditación acerca de las restricciones de esa concepción para afrontar las complicaciones de la sociedad global actual, pero al mismo tiempo, se corroboraron otros enfoques del mismo al no encontrar en la práctica enunciaciones que lo sustituyan.
Barbé (2014) afirma que “El Estado-Nación constituye un modo de organización de la sociedad relativamente reciente en la historia de la humanidad, y que solo se consolida a finales del siglo XVIII. El Estado-nación, propiamente dicho, surgió a principios del siglo XIX y alcanzó su apogeo en el curso del siglo XX.” (p. 45)
Para profundizar el concepto y a las instituciones que propugnan esta forma de organización fue ineludible, disgregar las funciones del Estado y las personas que ejercen el poder. (Rodríguez, 2020, p. 21) Con la ordenación del Estado moderno, se llegó gradualmente a la gnosis de que, el orden político transcendía a las personas de los gobernantes. Así se cuajó el estado moderno, ente que no confunde las instituciones, con las personas que se encargan del poder, y que asume un conjunto de funciones en beneficio de la colectividad.
Para entender el proceso de enriquecimiento y sistematización del constructo del Estado-nación cubanos a través del pensamiento de Lamar Schweyer, encararemos el estudio en las obras que consideramos de mayor contribución a la idea del Estado- Nación en Cuba.
Materiales y métodos
El estudio realizado devela el valor teórico y práctico del pensamiento filosófico-didáctico de Lamar y su carga como vehículo dirigido a la comprensión de sus ideas, dirigidas a la enseñanza y a la investigación de su concepción filosófica. La búsqueda científica desplegada, exigió la selección y aplicación de los métodos adecuados a las singularidades del tema. Por consiguiente, los autores priorizaron el procesamiento de diversas fuentes del conocimiento reunidas, mediante un profundo análisis documental, que permitió la generalización de la información, a través de procedimientos lógicos del conocimiento científico: análisis-síntesis, inducción-deducción. Los autores seleccionaron los materiales de trabajo, en correspondencia con las exigencias del proceso investigativo y orientaron el mismo hacia el cumplimiento del objetivo declarado.
Resultados y discusión
Alberto Lamar nació un 6 de julio de 1902 en Matanzas y cursó la enseñanza primaria en la Escuela Plas de esa ciudad. Sobre su niñez y adolescencia se conoce muy poco, solo algunos datos obtenidos del texto de Ana Cairo El Grupo Minorista y su tiempo, en el cual se resalta su inicio en la vida universitaria al matricular la carrera de Derecho Filosofía y Letras, la cual abandonó en 1918 para dedicarse al periodismo (Cairo, 1975, p. 56)
En 1922, Lamar expone en su ensayo La Filosofía del Porvenir el lugar que ocupa el positivismo en la historia del pensamiento y la educación al plantear las siguientes ideas: “En consecuencia, el positivismo, origen de casi toda la filosofía actual, es lo único que conocemos exactamente. De la filosofía contemporánea de la cual, y sin solución de continuidad se deriva el futuro, es de un valor relativo puesto que la desorientación en su característica” (Lamar, 1922, p. 12).
Los primeros veinte años del siglo XX cubano quedaron marcados por el apogeo del positivismo como corriente filosófica que permeó el pensamiento y la educación en Cuba. Por consiguiente, para Lamar los fundamentos que centraron su texto fue el re-pensar en el hombre futuro a través de una vía evolucionista spencerariana, con cierto matiz biologicista, mecanismo de defensa del sujeto en aquel contexto. No obstante, Lamar, al valorar el positivismo en desde las dimensiones históricas y filosóficas, soslaya un tanto el valor de su estudio. (Góngora, 2012, p. 16.)
Como parte del derrotero lógico que enarbola en su Filosofía del Porvenir, Lamar pone en tela de juicio la capacidad de los filósofos y pensadores de la era moderna para construir una filosofía del futuro. Para él “La humanidad está en crisis. Un descontento formidable renueva en todos los campos de la ciencia y las artes. La literatura se renueva y se orienta en una dirección difícil de prever. La filosofía trata de buscar nuevos caminos. La desorientación reinante es solo comparable con la que dominó el pensar del siglo XVIII.” (Lamar, 1922, p. 14). Como pensador y educador de una élite, concibió que las estructuras sociales en la República estuvieran en crisis, y, por ende, toda transformación social determinaría un cambio en la filosofía.
La crisis económica en aquel contexto, radicalizó las aspiraciones de cambios sociales y a la vez se aceleraría el cuestionamiento al orden republicano existente. Los intelectuales como Lamar se replantearían el problema político cubano, sobre todo, la problemática del Estado y la Nación desde una perspectiva política y filosófica. Este fue un complejo proceso que se reflejó en las mentalidades de la sociedad y en sus expresiones culturales.
La postración del positivismo facilitó el reajuste del pensamiento filosófico y educativo cubano sobre la base del idealismo. La expiración de una estética científica y academicista avaló la recepción de la vanguardia, representada por sectores nacionalistas que viabilizaron una nueva exégesis de los problemas nacionales. Si bien, Lamar analizó el pensamiento cubano y su expectante evolución, lo hizo desde cánones pesimistas, de acuerdo al contexto explosivo que se gestaba en la República.
En sus valoraciones francamente pesimistas Lamar expuso que: La vida contemporánea soslaya la deliberación honda. Hoy se piensa menos y mucho más ligeramente que hace siglos. Un nerviosismo enfermizo se adueña de nuestra existencia impidiéndonos pensar severamente y cada día el número de hombres que piensan por si mismos es menor. Se prefiere aceptar ideas ajenas para no tener el trabajo de formarse ideas propias. Así irá muriendo la sed de conocer lo que no es práctico, por estas muy lejos de nosotros. Y cada día el hombre sabrá más de cosas útiles y se ocupará menos de las investigaciones que solo conducen a satisfacer la curiosidad.” (Lamar, 1922c, pp 20-21).
En sus ideas se nota un sujeto atrapado por las relaciones de subordinación con poderes extranjeros. El síncope de la dependencia al capital estadounidense en Cuba, aceleró el estallido social y la entrada de otras ideologías extranjeras como el comunismo, provocando una ruptura de la transitoria conformidad ideológica que arrastró, en un inicio a muchos intelectuales de la República a una relación complicada con el poder político.
Las bases filosóficas de su perspectiva sobre el Estado-nación las develó en su Filosofía del Porvenir Lamar, al replantearse el lugar de los filósofos: “En el cobertizo de la filosofía se prepara un cambio de aderezo que marca un acto nuevo. ¿Será el último? Están en la escena un hombre de ciencia y un filósofo. El parlamento es monótono y el público no siente gran curiosidad. El filósofo y el hombre de ciencia se alejan y salen por una lateral. Tras ellos taimado y caminando con cautela un personaje nuevo, desconocido y burdo, que lleva en la mano un paquete de monedas, los observa curioso. Sonríe, y como el héroe de la comedia de Porto Riche murmura por lo bajo: “¡Un día vendrá!” Ese personaje extraño y que ha logrado interesar al público, es el practicismo. Un día vendrá en que con su paquete de monedas de oro domine al hombre de ciencia, comprando sus trabajos, mientras el filósofo se verá obligado a buscar otro oficio más lucrativo.” (Lamar, 1922, pp 20-21).
Para Lamar la renuencia del pensamiento futuro concerniente al moderno, brotaría de una singularidad filosófica inversa, en el cual la praxis superaría las nociones del sujeto social dedicado a la ciencia, a la filosofía y a la educación. Lamar relaciona la sociología, la filosofía y la praxis al considerar que, desde los estudios sociológicos, se puede promover el cambio necesario en la filosofía como ciencia. Si bien, el sujeto se adjudica lo que instaura el positivismo, creyó que no era la única opción para advertir todos los problemas sociales y políticos y más aún en el contexto cubano.
La explosiva situación de Cuba en la llamada década crítica determinó nuevas interpelaciones sobre el problema del estado nacional y su forma de organizarse, preguntas que forjaron nuevos caminos e elucidaciones de la realidad. Desde la perspectiva educativa y filosófica, el vitalismo[1] y el irracionalismo, tomaron un impulso en esa época y Lamar Schweyer publicó varios textos de corte pedagógico y filosófico.
En el pensamiento de Lamar se estaría gestando un desplazamiento del positivismo hacia el irracionalismo y el mismo se apreció en la actividad pedagógica y filosófica de la República las cuales fueron objeto de múltiples mutaciones en relación al siglo XIX, pues, aunque el positivismo mantuvo su incuestionable impacto, al menos entre 1902-1930 fue decayendo ante los novísimos embates de otras corrientes. El análisis realizado por Lamar en su ensayo no se alejó de esta condicionante al acercarse a temas cardinales de la filosofía cubana.
Siguiendo la lógica de su pensamiento, otro de los textos imprescindibles escritos por Lamar fue La Crisis del Patriotismo. Una teoría de las emigraciones (1929). El mismo constituye un traslado filosófico a las raíces del problema nacional y para su examen expuso realidades con las cuales consideró instituir una teoría sobre las inmigraciones. No constituye un texto sobre política, pero al mismo tiempo dilucida el problema de la oleada hispana hacia Cuba y su impacto en la integración de nuestro carácter. Lamar defendió la idea de que el inmigrante es un elemento de unión, progreso, y socialización, por un lado, no obstante es “disociador y peligroso para la integración nacional.” (Lamar, 1929, p. 4)
Pero es en este libro donde Lamar abordó cuestiones esenciales sobre su visión acerca del estado-nación. Conceptos como patria, patriotismo, nación, nacionalidad, carácter nacional, tradición nacional, democracia, inmigración, emigración, dictadura, conciencia nacional, autonomismo, separatismo, anexionismo fueron abordados desde una perspectiva pedagógica y filosófica. Estos razonamientos los llevan a declarar la llamada crisis del patriotismo reflejada en el ordenamiento republicano. En su texto deja entrever la idea de la negación de una insurrección contra la influencia estadounidense en la economía y la sociedad cubana. Lamar asumió que: “(…) alejarse la influencia norteamericana es precisa y conveniente pero a partir de una política de selección y aprovechamiento, sin arremeter contra el imperialismo de manera violenta.” (Lamar, 1929, p. 9) La visión acerca del patriotismo, la nación y la nacionalidad y su impacto en la inmigración lo llevan a declarar una crisis del sentimiento patrio en la República.
Lamar afirmó que: “Lo copiamos todo, lo calcamos todo, que es la consecuencia lógica de improvisar cuando no hay base. Imitamos en el Derecho Constitucional igual que en civil y el Código Napoleónico, incorporamos la moral divergente del paria y del esclavo, el indio y el negro” (Lamar, 1929, p. 11) De acuerdo a lo que interpretamos de Lamar, los cubanos en términos políticos necesitaban ser originales y creativos en lo étnico y lo histórico para evitar una crisis del patriotismo nacional que en la década del veinte del siglo pasado se basaba en la carestía de un portador étnico sólido, pues la mezcla de razas, era sencillamente una síntesis social para Lamar. Esto conllevaría a la aparición de un grupo de de fenómenos políticos como el caudillismo, las dictaduras y la disonancia de estratos sociales dentro de la dinámica del Estado. Por consiguiente, el mestizaje provoca imitaciones de modelos foráneos en aspectos esenciales de la política, la economía y la cultura.
El esquema mental de la patria y el patriotismo en Lamar se resume sobre la base de las siguientes ideas:
“La patria es nación personalísima, en el que influyen todos los factores que determinan la integración mental y moral del sujeto, desde las condiciones en la lucha por la existencia hasta el influjo del medio social y desde la capacidad afectiva hasta las presiones biológicas que sobre él ejercen la herencia y la educación. Para otros la Patria es el lugar donde se nace.” (Lamar, 1929d, p. 16)
Lamar se apropia de un concepto de patria permeado por la subjetividad y afirma que, al referirnos a la patria, designamos la tierra natal por la cual el sujeto se siente ligado por aspectos culturales, históricas y sentimentales y como espacio físico-geográfico pero determinado por lo subjetivo. De aquí desprende su noción del patriotismo como expresión superior del grupo social, como forma expresiva de una mentalidad colectiva, que se une a través de un impulso vital y los lleva a lidiar y resistir frente al acecho del contexto. La patria es, desde ese momento, un lugar geográfico establecido, cuya extensión y demarcaciones geográficas lo determina el sujeto.
De ahí que se puede revelar entonces las conceptualizaciones sobre patria local y la justificación del caudillismo y regionalismo, durante el siglo XIX cubano. Pues en su concepto de patriotismo se asume un sentimiento de defensa de la región se dónde vive, la necesidad de luchar por ella para salvaguardarla de la ambición exterior. De la misma forma asumió la Nación como “(…) un concepto de raíz étnica, ajena a la forma política, que es el Estado. La patria sin embargo, tiene un sentido de responsabilidad activa que no existe prácticamente fuera del deber de conservación de su contenido. Es por eso un error hacer del nacionalismo un sentimiento activo, cuando es lo contrario. Cuando entra en actividad, es ya sentir patrio.” (Lamar, 1929, p. 18)
Por consiguiente, los autores de este artículo consideran que, para Lamar, la nación no se puede distanciar del Estado. Si bien la nación es el acumulado de personas, por lo general de la misma etnia, que hablan el mismo idioma y tienen los mismos hábitos, formando de esta manera un pueblo. Se conserva unida por las costumbres, las tradiciones, la religión, el idioma y la conciencia nacional. Elementos como el territorio, el idioma, la religión, las costumbres y la tradición, por sí solos, no constituyen el carácter de una nación. El componente que predomine debe ser la convicción de una vida colectiva, cuando la población siente que constituye un organismo o un grupo, distinto de cualquier otro, con vida propia, intereses especiales y necesidades.
Es por ello que el Estado no es más que la institución política a la que se le atribuye la potestad para conservar el orden, afirmar la libertad y el bienestar de las personas que forman parte la nación. No obstante, la relación y conceptualización del Estado-Nación propiamente dicha, surgió a principios del siglo XIX y alcanzó su apogeo en el curso del siglo XX. En este sentido, Lamar limita la relación entre ambos componentes y le inhibe toda eventualidad al nacionalismo como corriente ideológica, al mostrarlo algo atascado, inanimado. El sentimiento patriótico según su opinión supera los márgenes de un nacionalismo estrecho como forma de conciencia colectiva.
Por ende, para el filósofo cubano, la crisis del patriotismo se fundamenta en la Cuba de los años veinte porque “Lo único permanente en las agrupaciones sociales es el patriotismo, por cuanto este se inicia simultáneo al espíritu de solidaridad y perdura inmutable hasta la desintegración de la sociedad. Es el todo de cohesión, que no subsiste sin él y lo convierte en un valor permanente en el espíritu de la colectividad. Por él se desenvuelven, se engrandecen y subsisten los pueblos. Cuando factores históricos poderosos y el terrible peso de las realidades económicas se conjugaron para eclipsar la nacionalidad, el patriotismo es lo primero que se reduce y se limita hasta desaparecer, siempre antes que se denuncie la definitiva crisis de la nación. El hecho de que toda decadencia nacional se inicia por un período apatriótico, es tan antiguo y está tan históricamente estudiado no merece especial ampliación. (Lamar, 1929f, p. pp 24-25)
Colmado de disímiles significados, el patriotismo se modifica según el contexto, las naciones y los escritores tanto pensadores como pedagogos. Es histórico desde la perspectiva que a través del testimonio de escritores, políticos, educadores o las singulares normas jurídicas de una época, probamos que se asume con vigor los sentimientos, ideas políticas y las exigencias de virtudes morales en coyunturas en las que una nación vive consecuentemente una metamorfosis de su ordenamiento estatal, en general concordando con momentos de guerras o situaciones revolucionarias. Los conceptos, símbolos o mitos patrióticos cimentados durante esos periodos sostienen las enunciaciones teóricas con las cuales una nación se identifica posteriormente consigo misma, valora su historia e imagina su futuro. El verdadero patriota puede quejarse de su nación, explorando deslices y carencias, pero al mismo tiempo inquiere y formula medios para solucionarlos, pues no sería ético avistar como la nación se corroe sistemáticamente sin hacer nada al respecto.
En este sentido, es comprensible que asumir el patriotismo como mecanismo aglutinador de la sociedad cubana de finales de los años veinte y principios del treinta del siglo pasado, constituyó una salida espiritual producto al contexto de crisis económica, el deterioro del nivel de vida del pueblo y el conflicto de valores a nivel nacional. Incluso, hasta sectores intelectuales no alcanzaron una madurez necesaria en su refulgencia ideológica. Ese impass relativo en la conciencia teórica influiría a que, personas decentes con un civismo comprometido integraran organizaciones reformistas y moderadas, que excluían discursos radicales con tonalidades incluso ultraderechistas.
Por consiguiente, en la década del veinte y principio de los años treinta proliferan movimientos reformistas. Sobre esa base se construye desde el discurso filosófico y pedagógico que lideraban hombres como Ramiro Guerra, Alberto Lamar entre otros, una concepción nacionalista muy auténtica acerca del patriotismo. Ramiro Guerra, en concordancia con Lamar expuso que: “El patriotismo es el instinto de conservación de la colectividad. En los tiempos normales se manifiesta el patriotismo en el afán colectivo por el mejoramiento de las instituciones nacionales, de las fuentes de riqueza, del aumento de poderío económico, en la superación en los lides del espíritu y en las obras del intelecto, de todo, en fin, lo que engrandece la Patria a los ojos ajenos y la hace más fuerte y más temida que es en el fondo lo que instintivamente se persigue.” (Guerra, 1928, p. 6)
El patriotismo se revelaría a través de la trasmisión de valores cívicos y sociales que se debían adquirir según Guerra de forma consciente, privilegiando en esos años el trabajo, la conducta, el respeto al derecho cívico de expresión patriótica, las normas de conducta. El patriotismo se resumía en el discernimiento hacia la conservación como nación, lo que permitió salvaguardarlo de la misma forma que determina sus cambios y orientaciones la sociedad, asumiéndolo como necesidad ante la contingencia inmediata. En este período, sobre todo entre 1925-1933, el gobierno dictatorial de Gerardo Machado, con su política interna agudizó las contradicciones sociales y políticas de la nación y provocó el ascenso de corrientes políticas radicales. Por otra parte, diferentes sectores sociales comienzan a polemizar con mayor agudeza las relaciones de dependencia con respecto al capital estadounidense. De esta forma, el discurso nacionalista se va permeando con profundos argumentos antinjerencistas y en muchos casos antimperialistas que orientan la ofensiva ideológica contra la notable presencia del capital imperialista en la economía y la política nacional.
Estos aspectos transgredieron negativamente sobre elementos autóctonos con insuficiencias o debilidades ideológicas, y condicionaron su absorción por mecanismos de penetración cultural que permearon la nacionalidad, y en aspectos como el de la inmigración lo valoraron simplemente como un fenómeno de luchas racistas ubicándolos al margen de las leyes generales de la sociología. En este sentido, Lamar entendió que: “Nuestra conciencia social ha confundido más de una vez, el inmigrante con el hombre blanco, viéndolos como una misma cosa, cuando no lo son ni histórica, ni jurídicamente.” (Lamar, 1927, p. 34)
En este sentido, el filósofo y pedagogo cubano aseveró que la inmigración se estudiaría de forma eventual, sin considerar su legado durante el siglo XX. Según su opinión, el inmigrante como individuo se añadió al conjunto social que tributaría caracteres tradiciones de la nación, así como inquietudes políticas y concupiscencias en torno al poder. De esta forma se considera un factor categórico en la forja de los caracteres nacionales. Al examinar el tema de la inmigración, se considera el inmigrante como factor de progreso, de unión y de socialización en la gestación de una sociedad a la que pretende adaptarse. No obstante, como se planteó anteriormente, en un momento determinado pudiera constituir elemento disociador y extraño en la integración nacional, convirtiéndose en un obstáculo para el Estado- Nación.
En su concepción acerca de la conformación Estado-Nación, Lamar le confería un lugar especial al problema de la cubanidad como parte del pensar y el sentir de la nación, de los cubanos con relación a los problemas esenciales de toda la República sin discrepancias y reservas. (Lamar, 1927, p. 56) En ese sentido él aspiraba desde el campo filosófico y pedagógico a sembrar una especie de mentalidad colectiva que aspirara a, pensar y re-pensar una Cuba para todos y que todos tuvieran en un mismo sentido ese sentimiento.
Lamar (1927) planteó además que: “Tal unidad de ideas es lo que une a los ciudadanos, creando un esto de espíritu en la colectividad que es superior al plano de las diferencias políticas, sociales y económicas. Es la fuerza generadora del espíritu. ¿Cabe hablar en Cuba de cubanidad como no sea para denunciar la crisis que se acentúa? ¿Cuál es, actualmente, el modo de pensar del cubano? ¿Cuál la representación individual del pensar colectivo? ¿Cuáles son las ideas unánimes y generales, las que están por igual en todas las conciencias? No se presentan. Cada grupo contiene un modo de pensar, de sentir y valorar, sin posibilidad de unificación. No existe un solo punto de contacto que apoye la cubanidad.” (1927, p. 67)
Consideró de esa forma a Cuba como una sociedad inorgánica desde el campo ideológico, como una especie de única idea cinética inmutable en la conciencia colectiva. Por consiguiente, para él, sin cubanidad no podía existir el patriotismo. Esta tesis de Lamar se debate en el contexto político de finales de la década del veinte y principios de los treinta del siglo pasado en medio de una situación estructural económica que conllevó a radicalizar posiciones políticas que impactaron en el pensamiento nacional. Las ideas de Lamar contrapuntean con las concepciones de sectores nacionalistas de izquierda y antiimperialistas, representados por estudiantes y obreros, apoyados por los intelectuales que se oponen a la forma autoritaria en que Machado ha orientado su gestión.
En aquel escenario cultural, filosófico y educativo salen a la palestra política nacional un grupo de figuras importantes que serán reconocidos como la generación de los años veinte y treinta en Cuba, generación vanguardia en el pensamiento, la filosofía, la cultura y la pedagogía. Por consiguiente, se inició un periodo fecundo que promovió la renovación y la reevaluación de temas sociales, culturales, políticos y que fueron liderados por mujeres, obreros y sobre todo, los estudiantes. Las disímiles expresiones del arte y la literatura se sumergieron en la búsqueda de una nueva interpretación de la realidad nacional, desde enfoques coherentes, que, rebuscaron valores propios.
La vía para la reivindicación de la identidad nacional, la vanguardia, el arte, los ritmos africanos, la lucha política, la literatura testimonial, ofreció una nueva posición, muy sensible que marcó la diferencia con respecto a las dos primeras décadas republicanas. Esa asimilación innovadora de la substancia nacional, constituyó su expresión más genuina, reflejándose en el pensamiento intelectual de la época. Este contexto sirvió a Alberto Lamar para revelar sus concepciones filosóficas y educativas sobre el constructo ideológico de Estado-Nación que se va elucidando en este trabajo.
También significativo resaltar el valor de espacios de debates como lo fueron las revistas. Por ejemplo, Cuba Contemporánea, Bimestre Cubano, y posteriormente Avance, que pasaron a la posteridad al develar los problemas de la sociedad cubana, desde los efectos de la mono producción, hasta la decadencia del sistema educativo, así como la necesidad de una transformación política y una subordinación menos servil con respecto al capital estadounidense. En esencia, los debates filosóficos, culturales y pedagógicos giraron en torno a una pesquisa de soluciones para las causas de estos problemas. Este escenario propició debates, encuentros y desencuentros fuera o dentro del modelo republicano dependiente, aunque la necesidad del cambio era visible.
Y en la definición del constructo Estado-Nación dentro del pensamiento filosófico y pedagógico de Alberto Lamar, la República y la Revolución como conceptos se armonizaron desde una perspectiva étnica. Según su criterio: “Hemos cancelado demasiado de prisa la revolución, cosa de la que se ha aprovechado el español para apresurarse a reconquistar la influencia perdida con el poder.” (1927, p. 78)
El español labró su destino económico, y unido a los diversos matices del nacionalismo cubano, mantuvo en la República, privilegios que les fueron conferidos durante la colonia. En este sentido, el desconcierto y la mixtura de las clases sociales, unido al desplazamiento de la intelectualidad, fiel representante de los valores patrióticos desde lo político, contribuyeron a que: “La República solo podía apuntalarse en una transitoria usanza revolucionaria, puesto que nos falla el tiempo en la cristalización de una nueva tradición. Entonces, solo entonces el espíritu republicano se resigna con toda su secuela de males políticos.” (1927, p. 81)
De esta forma, Lamar asumió que la solución a la crisis del patriotismo pasa por la evocación a la generación de patriotas que lucharon treinta años por la independencia, asimismo, el sujeto social cubano que se forjaba en la República no debe olvidar la dureza colonial, así como el umbral político de los valores fundamentales de la nación, pues de la misma forma que las tradiciones se desvirtúan, el patriotismo suele precipitarse y los errores políticos se acentúan. Esto influye en los valores pedagógicos que desde las escuelas se develan de la mano de los maestros. Por ende, la República de Cuba pudiera debilitar su orden moral.
En este sentido Lamar expresó que: “Hija de una decadencia nació la República con lacras hereditarias que incitaron su decadencia sin prosperidad, Así nació un estado sin nación y la población se mutó en pueblo; es decir, cristalizó el poder antes que el ideal nacional. Y esa falta de correspondencia y esa inversión entre las causas y el efecto, explican la incertidumbre republicana maliciosamente aprovechada por las corrientes de la disolución.” (Lamar, 1931a, p. 5)
Se adjudicó una vez más su criterio socialdarwinista expuesto en Biología de la Democracia. Para Lamar las leyes de la biología se aplicarían implícitamente al tejido social y justificaría de esta forma el establecimiento de una dictadura sustentada en incapacidades biológicas del cubano para establecer gobiernos democráticos, tanto en Cuba como en América Latina. La vida social para Lamar se basaría en la lucha por la supervivencia del más fuerte sobre el menos fuerte, del más capacitado, del más educado.
Nunca comprendió Lamar las ideas liberales de las revoluciones burguesas como la igualdad, la libertad, y la fraternidad. Se dedicó a demostrar a través de sus tesis filosóficas y métodos pedagógicos la no viabilidad de la democracia en América Latina. Por tanto, entendió que, defender las tiranías es una cuestión moral para la supervivencia del Estado-Nación, así como una necesitad histórica y sociológica determinada por leyes biológicas que no se pueden cambiar.
Es por esos argumentos anteriores que se comprende la lógica reacción de intelectuales progresistas y pedagogos cubanos que criticaron las ideas de Lamar entre finales de los años veinte y principio de los treinta del siglo pasado. Para los intelectuales de izquierda, así como para la pedagogía patriótica progresista cubana de aquellos momentos el ideario filosófico y pedagógico de Lamar de educar a la población en una noción de Estado-Nación elitista, significaba alimentar apoyo a métodos dictatoriales en la administración de Gerardo Machado.
Lamar, crítico obstinado del tipo de democracia burguesa que se instauró el 20 de mayo de 1902, creyó firmemente que su fórmula podría enderezar el rumbo del Estado-Nación al reconocer que un cambio es necesario a partir de nuevas soluciones desde la perspectiva socialdarwinista que tienen como base negar la democracia. Su posición, enfáticamente anti progresista estuvo alineada al pensamiento de las élites burguesas que se burlaban de las masas populares para afianzar un poder oligárquico y cerrarle el paso a propuestas populares que buscaban un espacio dentro del entramado político republicano.
En Cuba, para Lamar, a la altura de los años treinta se hacía ineludible afianzar una dictadura debido a que, “(…) Nuestra crisis del sentimiento patriótico sintetiza los factores que han intervenido en la precipitación de la nacionalidad: corrientes hispanizantes, ausencia de raza autóctona con sentido territorial, inmigración del capital de una sola fuente y ausencia de responsabilidad en la conservación del territorio.” (Lamar, 1931b, p. 6) Ese es el destino del Estado-Nación que sugiere Lamar para la República. Un modelo supuestamente auténtico, lejano a torpezas extranjeras, tanto hispanófilas como americanizadas.
Conclusiones
En el pensamiento filosófico-educativo de Alberto Lamar, las ideas irracionalistas condujeron a la exaltación de una raza de superhombre, al develar la no existencia en Cuba de una raza autóctona. De este modo, promueve una especie de política con bases biológicas a partir de la limpieza social. El mestizaje ha provocado un hibridismo degenerado donde la igualdad es imposible por razones biológicas.
La influencia teórica de la teoría del superhombre y la superioridad de las razas de Nietzsche, del socialdarwinismo que justifica la diferenciación de los grupos sociales por la prevalencia del más fuerte estuvo en el trasfondo del pensamiento filosófico y educativo de Lamar que se cataliza por la crisis estructural e institucional cubana del periodo.
Alberto Lamar asumió que, durante los años veinte y principios de los treinta, en Cuba sobrevino culturalmente un periodo dominado por la crisis del patriotismo. Este se basó en un profundo sentimiento de frustración nacional que se cuajó desde las coyunturas de las intervenciones estadounidenses en 1898 y 1906. No obstante, en los años veinte el sistema político acentuó su dinámica corrupta y puntualmente antidemocrática. Esto condicionó a los intelectuales a buscar una alternativa que preparase a la sociedad cubana para abrirse a la modernidad del siglo XX. El agotamiento del positivismo facilita el reacomodo de la cultura filosófica cubana sobre un pensamiento idealista.
Referencias
Barbé. E. (2014). El Estado en las relaciones internacionales. Tempus
Cairo. A. (1975). El Grupo Minorista y su tiempo. Ciencias Sociales.
Góngora. L. (2012). La polémica Lamar-Agramonte (1927). Disyuntiva histórica entre Democracia y Dictadura. Editorial Académica Española.
Guerra, R. (1928). Los principios del patriotismo cubano. En Martínez Ortíz, R. (comp.) Cuba. Los primeros años de la independencia. (p. 6). Imprenta y Papelería Hnos. Bouza y Cía.
Lamar. A. (1922). La Filosofía del Porvenir. Imprenta y Papelería Hnos. Bouza y Cía.
Lamar. A. (1929). La crisis del patriotismo. Una teoría de las inmigraciones. Martí. Dragones y Zulueta.
Lamar. A. (1927). Biología de la Democracia. Imprenta y Papelería Hnos. Bouza y Cía.
Lamar A. (1931). Determinaciones de la cubanidad y sus valores de libertad. Bohemia, 11(3), 12.
Rodríguez. R. (2020). El Estado-Nación en las relaciones internacionales y su impacto cultural en las pequeñas naciones. Política.
Zúñiga. A. (1993). Acerca del concepto de Estado y Nación. Ciencias Sociales.
Conflicto de interés
Los autores declaran que no existen conflictos de interés
Declaración de contribución de autoría
Leidiedis Góngora Cruz: Conceptualización, Investigación, Supervisión, Validación, Redacción.
Paul Sarmiento Blanco: Conceptualización, Curación de datos, Adquisición de fondos, Recursos, Redacción, Validación
Alejandro Torres Gómez de Cádiz Hernández: Análisis formal, Metodología, Recursos, Visualización
[1] Constituye esta una posición filosófica que postulaba la existencia de una fuerza o impulso vital sin la que la vida no podría ser explicada. Se trata de una fuerza específica, distinta de la energía estudiada por la física y otras ciencias naturales, que actuando sobre la materia organizada daría por resultado la vida. Esta postura se opone a las explicaciones mecanicistas que presentan la vida como fruto de la organización de los sistemas materiales que le sirven de base. Los partidarios del vitalismo establecen una frontera infranqueable entre el mundo vivo y el inerte. La muerte, a diferencia de la interpretación mecanicista característica de la ciencia moderna, no sería efecto del deterioro de la organización del sistema, sino resultado de la pérdida del impulso vital o de su separación del cuerpo material.